Crónica de la actualidad
Rara vez anuncia la historia cuándo va a cambiar de rumbo. Lo habitual es que las transformaciones surjan gradualmente bajo el flujo diario de los titulares de prensa, hasta que ya resulte imposible ignorar la nueva realidad.
Los conflictos que se están desarrollando actualmente al este de Europa y en Oriente Medio pueden representar uno de esos momentos. Más allá de las propias batallas, revelan cambios más profundos: la naturaleza del poder, la guerra, las alianzas, el reparto internacional de poder y la capacidad de influencia.
Durante décadas, la fuerza militar se medía mediante indicadores reconocidos, como los presupuestos de defensa, la cantidad de efectivos, tanques, aviones y buques de guerra. El planteamiento era sencillo: los Estados más grandes, con mayores recursos, se impondrían más tarde o temprano a sus oponentes más pequeños. Desde luego, la actualidad reciente ha puesto en tela de juicio tal creencia.
Poca atención prestamos a la guerra en Ucrania, pero este conflicto ofrece uno de los ejemplos más claros de lo que estoy diciendo. Frente a un adversario más grande, con mayor población y recursos militares, Ucrania no solo ha sobrevivido, sino que se ha adaptado a la situación de una manera que pocos observadores habían previsto. Y lo más significativo es que se ha convertido en un laboratorio de innovación militar. El uso generalizado de drones para el reconocimiento, la localización de objetivos y el ataque ha transformado los campos de batalla. Las líneas del frente, antes dominadas por la artillería y los blindados, se determinan cada vez más por redes de sensores y sistemas no tripulados de bajo coste, capaces de localizar y atacar objetivos con una precisión inaudita hasta el presente.
Las implicaciones van mucho más allá de Ucrania. La innovación militar ya no es dominio exclusivo de las grandes burocracias de defensa.........
