El trumpismo no lee el Quijote
EL 420.º aniversario de El Quijote ha pasado totalmente inadvertido en los medios españoles, que tanto se precian de este icono, cuya lectura pica, aguijonea, duele, corroe e induce a la reflexión. La sociedad de aquella época era compleja, contradictoria, en proceso de cambio y con tendencia a la crisis, que Cervantes, magistral notario de su tiempo, representó como nadie en su novela polifónica, poliédrica, pesimista y de variadas lecturas, entre ellas, una lectura políticamente incorrecta. Por ello, la conexión novela-sociedad y los posibles visajes y parpadeos referidos a la sociedad actual podemos resumirlos en los siguientes puntos:
Amplia panorámica de la problemática social.
Cervantes, satírico y doloridamente nostálgico, pasa revista a los múltiples problemas que aquejaban al variopinto mosaico de la sociedad española: la crisis económica, la presión fiscal, la corrupción, el desgobierno del validazgo, la justicia, la burocracia, la búsqueda del sustento, la guerra, el concepto del honor, la situación del campesinado, el bandolerismo, la pobreza, la picaresca y la marginación. Por El Quijote desfilan más de 300 personajes, que ofrecen el más rico y complejo paisaje social de la época, donde la oposición de contrarios hace que el realista Sancho se quijotice y el idealista Quijote se sanchifique.
Espejo y retablo de la crisis
José Antonio Maravall afirmaba que Cervantes, un escritor que desembarcó en la aventura literaria desde su desventura vital, había probado las hieles de un tiempo de transición, mudanza y crisis en sus propias carnes, y añadía:
“Él conoce bien la penosa situación de la sociedad de........
