Kholy, un reparto exclusivo para la élite castrista
LA HABANA.- Hace pocos días recorrí una de las zonas más privilegiadas de La Habana: el reparto Kholy. Lo que vi allí impresiona. Mansiones amplias, bien mantenidas y recién pintadas; calles en perfecto estado, sin basura acumulada porque la recogida es diaria; incluso presencia policial permanente. Es, en muchos sentidos, una isla dentro de la Isla, un lugar que parece pertenecer a otro país.
Kholy, conocido originalmente como Alturas de Almendares, surgió en terrenos que antes ocupaba una finca rústica con una vaquería llamada La Josefina. Su desarrollo comenzó el 15 de noviembre de 1918, cuando Federico Kholy y su esposa, Hortensia María Gliano, establecieron allí su residencia. Aquella etapa coincidió con el auge económico posterior a la Primera Guerra Mundial, conocida en Cuba como la época de las “Vacas Gordas”.
El reparto fue diseñado por un arquitecto francés que replicó modelos urbanísticos de su país. Introdujo calles curvas para mejorar la visibilidad en las intersecciones, y apostó por una estética cuidada con jardines y flamboyanes de diversos colores. Desde sus inicios se prohibieron las industrias contaminantes, y una comisión de propietarios velaba por el cumplimiento de estas normas. Incluso se editaba una revista para divulgar la vida social del barrio, con eventos como fiestas de disfraces.
Dividido por el río Almendares, Kholy tiene dos zonas bien definidas. La más antigua y lujosa, con grandes mansiones, se articula alrededor del puente de Asbert, conectando con Marianao y Playa, y colinda con los antiguos Jardines de la Tropical y el Bosque de La Habana. Algunas de estas residencias contaban con túneles que conducían a muelles privados donde sus dueños atracaban yates.
La otra zona, más moderna, se extiende hacia Nuevo Vedado, desde el Zoológico (avenida 26) hasta la calle 23. Allí predominan edificios de apartamentos y algunos negocios.
Tras 1959, el reparto cambió de manos. Sus mansiones fueron ocupadas por altos mandos militares y figuras del gobierno, lo que le valió el apodo de “el barrio de los generales”. En la zona se encuentran, por ejemplo, el edificio donde residió Raúl Castro y la casa de Nati Revuelta, madre de Alina Fernández, hija de Fidel Castro. Actualmente también vive allí René González, uno de los agentes cubanos condenados por espionaje en Estados Unidos.
Aunque en ambas áreas existen edificaciones de microbrigada, estas se mantienen bien conservadas para no romper la armonía del entorno. De todas las propiedades, solo una destaca por su deterioro: la antigua mansión del empresario Jesús Azqueta Aranguren, dueño de centrales azucareros y de la Papelera Moderna de Puentes Grandes. Tras albergar un círculo infantil y un restaurante, el inmueble fue cerrado por reparaciones que nunca concluyeron, quedando abandonado hasta hoy.
Varias mansiones han sido convertidas en instituciones: el Centro Nacional de Estomatología, el Sindicato de Trabajadores Civiles de las FAR, la Casa de la FEU (antigua residencia del exministro José Manuel Alemán), el Fondo Cubano de Bienes Culturales y la sede de la cerveza Bucanero. También hay escuelas, círculos infantiles, dos hoteles (El Bosque y el Hotel Kholy) y una clínica donde, hace años, falleció el hijo mayor de Fidel Castro tras lanzarse desde una ventana.
Por su ubicación céntrica, para mi gusto Kholy supera incluso a otras zonas exclusivas como Siboney o el antiguo Country Club, donde residió Fidel Castro con su familia.
El contraste entre este reparto y el deterioro generalizado del resto de La Habana evidencia la existencia de una élite dentro del castrismo: una clase privilegiada que disfruta de condiciones de vida muy alejadas del discurso oficial de igualdad social.
