Caracas, una hechicera inolvidable | Morir por la familia
Caracas, una hechicera inolvidable | Morir por la familia
Por José Antonio Ramírez
02/07/2026.- La tarde permanece quieta. Al retorno del laboro, solo aspiro a besar a mi esposa y abrazar a mi hija. Ellas son mi mayor tesoro. Su compañía es la fuente de aliento que evoco cada mañana al amanecer. Son mi voluntad de seguir y luchar por darles una vida digna y libre de preocupaciones.
Antes del terrible sismo del 24 de junio, fui a visitar ese mediodía a un amigo en San Agustín. Tuve la oportunidad de compartir con él anécdotas de esta ciudad vibrante, que no deja de recordarnos cuán efímera es la vida.
Esas memorias se mezclan con las fiestas patronales de San Juan, santo de la devoción del pueblo venezolano, donde confluyen nuestras raíces afrodescendientes en el sincretismo "aprobado" por la Iglesia católica para evitar la rebeldía de nuestros ancestros esclavizados por el imperio español.
De pronto, levanto la mirada y observo nuevamente el majestuoso Waraira Repano, imponente e inefable. Su verdor sublime baña nuestra capital y me hace pensar en mejores épocas, cuando el montañismo era parte de mi rutina diaria junto con las salidas a trotar a primera hora, antes de irme a trabajar para Venezolana de Televisión.
Al dejar a mi amigo Ricardo, me despido con un fuerte abrazo y quedamos en vernos pronto. Paso de nuevo por el barrio legendario de San Agustín y aprovecho para visitar a un par de comadronas. Una de ellas estaba muy enojada, pues "esperaba al santo" desde temprano "para bailarlo y........
