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Vísperas que acarician la 'semana mayor'

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24.03.2026

En vísperas de la 'semana mayor', en este final de Cuaresma que transita los días de la Semana de Pasión, con la originalidad en esta ... isla de convivir con algunos últimos coletazos del carnaval, este año venteados por Therese mucho más allá, es posible no sólo contemplar / participar y disfrutar tanto de los cultos propios del momento, como de los preparativos para las procesiones, esa expresión de religiosidad popular que encierra un rico patrimonio histórico artístico, que se hace más vivo que nunca en estos días -tanto que ya Domingo Doreste Fray Lesco apreciaba como Luján Pérez «contaba con una exposición permanente , en la penumbra de los templos, y periódicamente en la calle, en pleno sol; y con un público: la muchedumbre»-, sino ser copartícipes de ilusiones y esperanzas de unos días en los que la mayoría se toma un respiro para lucirse feliz, sea en estas celebraciones tan tradicionales en los barrios históricos, o en muchos otros lugares de la isla, que también tienen enorme solera semanasantera, o en unos días de relax en la playa, en algún viaje que se ha preparado durante los largos días del invierno, o combinando ambas posibilidades que, en lugares como Gran Canaria, se tienen a la mano y se pueden combinar perfectamente, como lo proponía a comienzos del siglo XX la inolvidable revista 'Canarias Turista'...

Ya, allá por los últimos años del siglo XIX, lo proclamaba en sus afamados 'Recuerdos' D. Domingo J. Navarro que, con estos escritos y otros valores socio-culturales, nos dejó mucho más que el nombre de una calle trianera. «La Semana Santa era siempre esperada con avidez; porque en tales días lucían sus galas las señoras y los caballeros: ya a ver pasar las procesiones en diversas casas, donde obsequiaban a los concurrentes con confortable refresco; ya de iglesia en iglesia a oír los misereres, sobre todo en las de las monjas; ya finalmente, a recorrer de día las Estaciones con el máximum de lujo que cada uno alcanzaba». Tempus fugit, sí, pero todo cambia para que, en el fondo, todo siga igual, como sugería Giuseppe Tomasi di Lampedusa, y ahora, en pleno siglo XXI, esa semana que desde siglos atrás era esperada, y mentada, como la 'semana mayor' del año, quizá, en el fondo, en su espera, en su disfrute, se entienda igual, aunque las formas cambien, y mantenga ese halo de tiempo mayor que tanto seduce y halaga en su espera.

La Semana de Pasión se abre, con fuerzas y estilos renovados, como una atractiva antesala que se ofrece, cada año más, como unas vísperas con auténtico carácter de 'semana mayor', e incluso se ubica desde muchos días antes, cuando los pregones de distintas cofradías, y conciertos de marchas procesionales y de música sacra, han florecido desde hace unos años e invaden el calendario primaveral grancanario. Todo parece acariciar esa Semana Santa que, poco a poco, se va colocando sobre tronos y bajo palios por los templos isleños más clásicos en estas tradiciones, y la masa de gente que participa y disfruta de todo ello hace pensar en que Gran Canaria acaricia, con leve y hondo suspiro, su Semana Santa, arraigada en siglos de historia.

Un carácter, un ser y sentir que se muestra en textos como los del memorialista José Miguel Alzola, que señalaba como «en una ciudad como la nuestra, en la que sucedían tan pocas cosas, la Semana Santa constituía cada año un acontecimiento que, por repetido, no dejaba de ser esperado con deseo por los vecinos. Estos se preparaban a lo largo de la Cuaresma para tener acomodadas sus conciencias y también sus indumentarias a la grandeza de los días solemnes por venir. Los ejercicios piadosos en los templos y los encargos a sastres y costureras eran ocupaciones suficientes para llenar las semanas interpoladas entre el Miércoles de Ceniza y el Domingo de Ramos». Pero también en los de muchos otros literatos, cronistas y periodistas que, a través de los siglos dejaron un elocuente testimonio del devenir cambiante de algo que no cambiaba a la postre, la Semana Santa grancanaria. Un conjunto de autores y textos que se puede tener a la mano en un libro 'Semana Santa Las Palmas de Gran Canaria. Textos e imágenes' (Ayuntamiento, 2008).

La semana pasada la palabra pregonera florecía ya, en los primeros días primaverales, que la lluvia quiso regar con fuerza, quizá para no molestar luego los días en que las calles se llenan de cortejos procesionales -aunque la presencia del agua y del frío no siempre se pudo eludir, e incluso caracterizó algunas de sus expresiones, como es el caso del Señor atado a la columna, de la parroquia de Santo Domingo, conocido tradicionalmente como el Cristo del granizo, por la enorme granizada que cayó un año nada más entrar en su templo-. Pregones en la recoleta y bellísima ermita de 'los mareantes', en el trianero parque de San Telmo, con la voz docta y precisa del historiador del arte Juan Sebastián López García, en el veguetero templo de Santo Domingo, donde el pregón, encargado este año al músico Galileo González, se convertía en hermosa marcha procesional de estreno, interpretada por la Agrupación Musical San Isidro Labrador, o en el de Miguel Rodríguez Díaz de Quintana, historiador y Hermano Mayor de la Cofradía del Cristo del Buen Fin, en la parroquia matriz del Pueblo de San Lorenzo, donde su arraigada Semana Santa, recoleta en su intimidad, vale la pena conocerse, y conciertos de música sacra en diversos templos y salones del Puerto de la Luz, de Triana y Vegueta, o de marchas procesionales, como el que la Banda de Música de Teror ofreció el pasado sábado en la Ermita de la Virgen de Los Reyes, o el de la Coral del Real Club Victoria, que el miércoles 25 de marzo, en la Parroquia de Nuestra Señora de La Luz, interpreta el 'Réquiem' de John Trotta. Y en todo ello no olvido el concurridísimo ensayo procesional de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de la Esperanza de Vegueta, que tuvo lugar en la mañana del pasado domingo en la Plaza de santo Domingo, y calles aledañas, con los pasos sin imágenes cargados por 70 costaleros. Podría considerarse una excentricidad que, cada vez con mayor concurrencia, cientos de personas sigan esta actividad, pero no, es sencilla y llanamente la expresión del hondo arraigo que tiene, pese a los cambios que el devenir siempre le impone, la Semana Santa en Gran Canaria.

Ahora, en esta Semana de Pasión, cuando el pregón oficial de la Semana Santa de Las Palmas de Gran Canaria, siguiendo la estela brillantísima dejada hace muchos años por la Cofradía de la Esperanza de Vegueta, retorna al Salón Dorado del Gabinete Literario, en la palabra de un periodista, Fernando Canellada Crespo, como ya lo fuera en el primer pregón en las vísperas semanasanteras de 1948, que estuvo a cargo del periodista Ignacio Quintana Marrero, que lo comenzaba precisamente con palabras de tono inaugural: «Alcemos también nosotros la voz de nuestro Pregón por vez primera, la Semana Santa de Las Palmas también lo exige y con este de hoy quisiera sentar precedente para años venideros», se podrá acceder al riquísimo patrimonio histórico artístico de arte cofradiero que se atesora en los templos del centro histórico de Las Palmas de Gran Canaria, gracias a la iniciativa del proyecto 'Patrimonio Vivo', de la concejalía de cultura del Ayuntamiento capitalino, que propone, para el miércoles 25 y el jueves 26 de marzo, un recorrido por 'El arte sacro y etnográfico de Semana Santa en Vegueta y Triana'.

A estas actividades se unirá el Concierto de Marchas Procesionales que, el viernes 27 en el solemne y bellísimo marco de la Catedral de Canarias, ofrecerán unidades de música del Ejército de Tierra en Canarias. Un concierto que es heredero del gran protagonismo que, siglos atrás, ya tuvo en esta Semana Santa isleña la Banda del Regimiento, así como algunos de sus directores, como fue el caso del afamado Maestro Tejera, Santiago Tejera Ossavarry (1854-1936), que, aparte de otras ocupaciones musicales esos días en los templos, como recordaba Fray Lesco, «iba en las procesiones empuñando una batuta, al frente de una banda, la militar de la plaza, a paso de marcha procesional», que bien podía ser su afamada composición 'La espada del dolor'.

Semana de Pasión» en unas vísperas que acarician, con la suave brisa primaveral atlántica, con el aroma de una primavera que despierta feraz y multicolor, la faz de una Semana Santa que golpea ya el postigo de una 'semana mayor del año', en medio de «un ambiente, de un carácter, de un estilo propio y arraigado que define a unos barrios, a unos pueblos y a sus gentes, a unas costumbres y a unas tradiciones, que hacen muy grancanaria la expresión de algo tan universal como la pasión, muerte y resurrección de Cristo».

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