La bancarrota del capital financiero y la reacción neofascista: la barbarie fronteriza frente al colapso imperial
Cuando la deuda pública de los Estados Unidos cruza la frontera matemática de la quiebra e ingresa en la asfixia estructural —alcanzando la cifra de 31,27 billones de dólares frente a un Producto Interno Bruto estimado en 31,22 billones de dólares al término del primer trimestre de este año—, la economía política imperialista no experimenta una simple sacudida coyuntural, sino una agonía de clase de dimensiones históricas. Este umbral no se registraba desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, pero a diferencia de aquel periodo de reconstrucción y expansión del capital, hoy el imperio anglosajón, impregnado de sionismo, carece de base productiva real para amortizar semejante losa. Incapaz de garantizar la cuota media de ganancia mediante la acumulación ordinaria y viendo desplazado el centro de gravedad económico global hacia la masa continental euroasiática, el capital financiero norteamericano y sus comparsas occidentales se ven abocados a activar los mecanismos más agresivos y criminales de la reacción.
Las estructuras profundas de la historia de las sociedades se hacen visibles precisamente en la coyuntura de crisis extrema, cuando las contradicciones de clase estallan e imponen la violencia imperialista para reordenar el mundo. Para sostener esa astronómica deuda de más de 31 billones de dólares y preparar las condiciones económicas y sociopolíticas de un conflicto abierto contra la alianza estratégica formada por la República Popular China y la Federación Rusa, el bloque atlantista requiere desesperadamente pacificar y disciplinar su propia retaguardia social. La bancarrota del imperio no se liquida con ajustes contables; se salda mediante la expropiación, el colonialismo y la reorganización autoritaria del frente interno metropolitano. Y en esa arquitectura de dominación reaccionaria, la fabricación industrial de un enemigo de diseño es un requisito metodológico e ideológico imprescindible.
La masa desposeída de trabajadores migrantes, arrojada a las fronteras de Ceuta y del Mediterráneo o hacia al archipiélago canario, a través de la mortal ruta atlántica,........
