Solución salina o todo es ficción ¿Quién sabe?
El sótano del Helicoide olía a humedad, óxido y miedo condensado. Carlos, colgado por las muñecas a una tubería alta, ya no distinguía si la fiebre que le quemaba el cuerpo era por las infecciones de las heridas o por el colapso inminente de sus músculos. Para él, el tiempo se medía únicamente por el chirrido de la puerta blindada, cuando el cerrojo cedió esa madrugada, Carlos se preparó para el dolor físico de los golpes.
Sin embargo, los pasos que se detuvieron frente a él eran suaves, amortiguados por suelas de goma, el prisionero levantó la cabeza con dificultad. El hombre que estaba allí vestía una bata blanca de personal de salud, pero su rostro no ofrecía el alivio de la ciencia, la cabeza del médico estaba completamente cubierta por una capucha de tela negra. Solo dos agujeros mal........
