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Hipótesis ecomunitaristas iniciales sobre por qué much@s pobres votan a sus peores verdugos. Y esbozo de algunas contra-medidas

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17.04.2026

Una precisión indispensable

La propuesta ecomunitarista no se identifica con las políticas gubernamentales de los gobiernos que en Nuestramérica se han caracterizado como "progresistas". Y no lo hace, diciéndolo grosso modo, porque las mismas se adecuaron al capitalismo (y en varios casos al dominio imperialista, en especial el de EEUU), mientras que el Ecomunitarismo constituye un orden comunitario-ambiental poscapitalista y postimperialista. (Como se sabe, el Ecomunitarismo, horizonte-guía indispensable de la acción cotidiana, se compone de muchas dimensiones interconectadas: la Educación ambiental ecomunitarista, la Economía ecológica y sin patrones, la Política de tod@s, la Defensa de todo el pueblo, la Comunicación horizontal y simétrica, la Estética de la liberación, y el Ateísmo intercultural no militante. La combinación de todas apunta a hacer realidad cotidiana el Principio Rector del Ecomunitarismo que reza: "De cada un@ según sus capacidades, y a cada un@ según sus necesidades, respetando los equilibrios ecológicos y la interculturalidad", en aplicación de las tres normas fundamentales de la Ética que hemos deducido argumentativamente de la pregunta que la instaura, a saber "¿Qué debo hacer?"; recordemos que la primera nos exige luchar para garantizar nuestra libertad de decisión, la segunda nos exige realizar esa libertad en la búsqueda de consensos con l@s demás, y la tercera nos exige preservar-regenerar la salud de la naturaleza humana y no humana; ver López Velasco 2025 y 2026).

Ahora, dicho eso, el análisis que sigue se limita a abordar las tendencias dominantes en las disputas electorales que se están dando en Nuestramérica (y en especial en el Conosur, y más específicamente en Brasil) dentro de las reglas de juego capitalistas reinantes, y trata de entender por qué en esos pleitos mucha gente pobre vota por aquellos que habrán de penalizarla, incluso cuando éstos anuncian explícitamente de antemano sus políticas antipopulares de extrema derecha en sus respectivas campañas electorales.

Los datos del Brasil actual

Como se sabe Lula está terminando de ejercer en 2026 su tercer mandato presidencial, y se dice (él lo ha dicho alguna vez) que aspira a un cuarto período.

En esos tres mandatos incluso los números de fuentes extranjeras apuntan que hubo significativas mejorías de los sectores más pobres del Brasil en las áreas de alimentación y vivienda, en el acceso a la salud pública y gratuita, e, incluso, en el acceso a los estudios universitarios.

En ese contexto muchos observadores podrían esperar números muy favorables a Lula en caso de que dispute un cuarto mandato presidencial a fines de 2026, ya que la enorme mayoría de la población brasileña se compone de personas que no son ricas, y que ni siquiera pertenecen a la llamada "clase media".

Mas la encuesta de Datafolha divulgada el 10 de abril de 2026 reveló que en la primera vuelta de la elección presidencial de octubre de 2026 Lula tendría el 39 % de los votos, Flavio Bolsonaro (hijo del expresidente de extrema derecha Jair Bolsonaro) el 35%, Ronaldo Caiado (histórico líder latifundista de extrema derecha, que apoyó y apoya al expresidente Jair Bolsonaro) el 5%, y Romeu Zema (gran empresario y Gobernador de Minas Gerais, que apoyó y apoya al expresidente Jair Bolsonaro) un 4 %. (El resto se distribuye en, respectivamente un 2% que votaría a otro candidato, un 1% votaría a otros dos candidatos, y hay un 10% de votos en "ninguno o nulo/en-blanco", y un 4% de "no sabe").

Mas en la segunda vuelta de noviembre de 2026, si los candidatos fueran ambos, Flavio Bolsonaro aparece con 46 % de las preferencias y Lula con 45%, lo que configura un empate casi perfecto. Nótese que en toda esa encuesta el margen de error es de un 2% para más o para menos (en una franja total del 4%). Y que en ese escenario de segunda vuelta hay un 11 % de "ninguno/nulo/blanco" y un 2% de "no sabe".

Pero lo que también llama la atención es el hecho de que si en la segunda vuelta no estuviera Flavio Bolsonaro, la encuesta revela que los otros dos candidatos anti-Lula de extrema derecha mejor ranqueados en la primera vuelta, saltarían disputando con Lula (que en ambos casos mantendría el 45%), desde sus respectivos y magros 5% y 4% de la primera vuelta, hasta, respectivamente, un 42 % (Caiado), y también un 42% (Zema).

Así en ambos casos hay un empate técnico, dado el margen de error del 2% para más o para menos de cada porcentaje. (Y se repetiría además en ambos casos un 11% de "ninguno/nulo/blanco", y un 2% de "no sabe").

Lo que revelan esos números es que basta que un candidato de extrema derecha se plante en la segunda vuelta ante Lula, para empatar técnicamente con él en ese pleito. O sea, revelan que el "factor anti-Lula" es preponderante en la política electoral brasileña actual (tanto como lo es, dentro del llamado "campo progresista", el "factor Lula", ya que hay consenso en ese campo acerca del hecho de que ningún otro candidato que lo represente electoralmente cosecharía el apoyo logrado por Lula).

Rima todo eso con la circunstancia de que según esa misma encuesta el rechazo a Lula es del 48%, a Flavio Bolsonaro del 46%, a Zema del 17 % y a Caiado del 16%.

Ante esos datos, repetimos, lo que pretendemos en este texto es esbozar algunas hipótesis acerca de por qué en los pleitos electorales mucha gente pobre (incluso tras haber sido beneficiada por gobiernos llamados "progresistas" como los de Lula) vota por aquellos que habrán de penalizarla, incluso cuando éstos anuncian explícitamente de antemano sus políticas antipopulares en sus respectivas campañas electorales de extrema derecha (como ocurrió con Milei en Argentina).

En ese intento abordaremos en lo que sigue conjeturas que van desde lo religioso hasta lo psicológico, pasando por las dependencias clientelistas, y las carencias y errores del llamado "progresismo".

La hipótesis del factor religioso manipulado por la extrema derecha: el caso de Brasil

Según los datos divulgados en junio de 2025 por el IBGE (Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística), relativos al Censo Nacional de 2022, había entonces en Brasil un 26,9 % de evangélicos (unos 47,7 millones de personas), y un 56,7% de católicos.

Ahora bien desde hace muchos años (y en especial después de 2013) el bolsonarismo y la extrema derecha han hecho campañas políticas sistemáticas en muchas de las Iglesias evangélicas, transformando sus cultos en actos partidarios donde se dan indicaciones explicitas sobre a quién votar y a quién no.

Para tanto se esgrimen posiciones y supuestos argumentos de distinto tipo:

La oposición entre creyentes religiosos y ateos.

Aquí la extrema derecha divulga la idea (en especial entre los evangélicos) de que los comunistas y socialistas son ateos (y por tanto inmorales), mientras que "nosotros" somos cristianos (y por tanto, morales). Hay que notar que en esa contraposición incluyen como enemigo a Lula, quien ha dicho siempre que es católico, y también, respondiendo a preguntas, ha rehuido más de una vez a pronunciarse sobre el comunismo y/o el socialismo. (De hecho su política económico-social consiste en tratar de ayudar a los más pobres, sin superar nunca los límites del capitalismo, a tal punto de que en sus gobiernos siempre han hecho fortunas los banqueros, los latifundistas del agronegocio y los grandes empresarios).

Los "valores conservadores"

La extrema derecha divulga la idea (en especial entre los evangélicos) de que defiende "la familia", y por ello se opone a las prácticas homosexuales, al feminismo y al aborto, y a l@s polític@s que l@s amparan/favorecen.

En relación a "la familia" queda claro que la extrema derecha defiende la vieja familia patriarcal, con sumisión de la mujer y los hijos al pater familia autoritario. Parece que lo cambios de la revuelta juvenil de 1968 y las reivindicaciones feministas vinculadas y/o derivadas de la misma, no han llegado a oídos del bolsonarismo. Nótese que según el IBGE las mujeres representan hoy entre el 44% y el 48% de las personas ocupadas en labores extra-domiciliares en Brasil, y que así resulta por lo menos anacrónico defender aquella vieja familia cuando casi la mitad de los hogares cuentan para sobrevivir con ingresos aportados por el trabajo realizado por mujeres, fuera de su hogar.

En relación a la oposición a los homosexuales (y a categorías de género como l@s trans, bi, etc.) la extrema derecha recurre a la Biblia. Pero así como desde la superación de las guerras entre católicos y protestantes en Europa, y la posterior separación entre la Iglesia y el Estado, se consideró que la creencia religiosa es asunto del dominio privado donde cabe a cada uno elegir (incluso por el ateísmo), así también en la esfera de alcance de la llamada "cultura occidental" ha ganado fuerza la idea de que también la sexualidad es asunto de la esfera privada y no cabe ni al Estado ni a ninguna Religión dictar pautas obligatorias a cada persona (que es, se define y/o tiene derecho a elegir como le plazca en ese terreno). Hay que decir que en esa resistencia bolsonarista los evangélicos de extrema derecha no están solos, pues les hacen compañía no pocos católicos (e incluso gente de otras creencias religiosas, y también algunos ateos).

En relación a la posición anti-aborto (vinculada a la defensa de la "familia tradicional" y la oposición a las relaciones homosexuales), la contraposición esgrimida por la extrema derecha se basa en el hecho de que los gobiernos de Lula han dado pasos hacia la descriminalización del aborto y la promoción de políticas públicas para que las mujeres que optan por practicarlo puedan hacerlo en condiciones mínimas de salubridad y amparo. Omite la derecha enfrentar la realidad concreta en la que las mujeres ricas abortan en las mejores condiciones, mientras que las pobres se ven obligadas a hacerlo, por falta de recursos materiales, en las condiciones más insalubres y peligrosas. (Y la derecha no acepta las políticas inclusivas respecto a l@s homosexuales).

Por nuestra parte ya hemos manifestado que, en función de nuestra deducción de las tres normas fundamentales de la Ética, como consideramos violatoria de la segunda de aquellas normas la decisión de quitarle la vida a alguien sin contar con su consentimiento, así como viola la tercera norma la agresión mortal a la salud de cualquier ser humano (y de la naturaleza no humana), en perspectiva ecomunitarista somos contrarios al aborto como derecho generalizado. Hemos dicho que si el embrión........

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