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La ciudad que arde en rumores, pero no en silencio…

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16.04.2026

"Quien siembra vientos, cosecha tempestades; pero quien siembra rumores, cosecha cadenas." Adaptación de ANACLETO

El sol en Maracaibo no solo calienta los adoquines de la Plaza El Buen Maestro; también quema las lenguas. Desde que Gian Carlo Di Martino volvió a sentarse en la silla municipal, la ciudad parece despertar de una siesta de veinte años, como si el Lago hubiera recuperado su memoria y el Puente recordara su nombre. Los maracuchos, ese pueblo de chinchorro y sal, caminan con otra espina: la del orgullo herido que empieza a cicatrizar.

«¿Estamos alegres?», preguntó Anacleto una mañana, mientras el mesonero dejaba dos tazas de "marroncito" humeante sobre la mesa de siempre.

«Claro que sí», respondió el viejo periodista. «Pero hay una mueca en la alegría, Anacleto. Una mueca que no me gusta. Huele a gasolina y a mentira vieja.»

Anacleto se ajustó los lentes de carey y soltó una de sus carcajadas secas, esas que parecen carraspera de moto vieja. «¡Usted lo ha dicho, camarita! Aquí estamos contentos porque el municipio vuelve a barrer la calle, porque las plazas tienen niños y los parques ya no son dormitorios de maleantes. Pero entonces… ¡zas! Aparecen dos incendios. ¿Casualidad? ¿O son los mismos que hace años nos quemaron la esperanza?»

Anacleto encendió un cigarrillo y dejó que el movimiento del ventilador disipara el humo antes de decir: «La gaita dice que Maracaibo es la "ciudad más bella del continente" porque tiene lago, China, puente y un sol que te pela la nuca. Y en estos días, tras años de abandono y de guarimbas que dejaron los árboles como esqueletos, la ciudad vuelve a sonreír. Las 160 unidades recolectoras de basura no son poesía, pero son justicia. Los espacios públicos recuperados no son un milagro, son política. La gente se ha reencontrado con las plazas, y eso, en esta tierra de "maracucho rajao", es casi un acto de fe.» Movió la cucharilla para revolver la azúcar en el café, levantó la mirada y soltó: «Sin embargo, como decía Rómulo Gallegos: "El hato es como la patria: se hace con paciencia y se pierde con indiferencia." Y hay quienes no soportan ver la paz. Y así, camaritas, nacen los rumores y se siembran las dudas.

«¿Usted cree que esos incendios son fortuitos?», preguntó la profesora, con su libreta apoyada en el pocillo.

«Puede que........

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