Carola Chávez y chavistas similares
Cuando gente progresista y de izquierda comenzó a auto proclamarse "Chavista", empecé a dudar. Los de mi generación, luchadores iniciados en los años 60 y 70, con el mayor orgullo nos llamábamos simplemente "Revolucionarios". Teníamos grandes líderes, vivos y muertos, como Fabricio Ojeda, Argimiro Gabaldón, Douglas Bravo, Alí Rodríguez y no recuerdo que nuestras luchas se circunscribieran a poner en un altar a ninguno de ellos porque el horizonte que nos guiaba no era andar detrás de un personaje, sino al lado de un pueblo, con una ideología que tenía como fundamento la justicia social, la soberanía de nuestro país y la solidaridad internacional.
Cuando surgió el chavismo esos principios comenzaron a cambiar. Ya el foco dejaba de estar sobre las luchas reivindicativas y más valoradas por el pueblo, pues lo que dominaba la escena era la figura del líder venerable, el "Indiscutible e indiscutido" como afirmaban con fervor los más adulantes; el hacedor de todo sobre el cual no se le podía propalar ninguna expresión crítica porque, como se dijo después, "Aquí no se habla mal de Chávez". Ocurría entonces que un personaje único pasaba a ser el protagonista de aquella supuesta revolución, donde el pueblo quedó para llenar graderías y andar en procesión venerando al mesías.
En ese proceso, parte de la izquierda histórica se plegó a invocar al santo y a participar de la religión que se fue creando poco a poco. Una izquierda que comenzó a dejar de ser revolucionaria para volverse gobiernera, reverente ante el poder del jefe, en algunos casos comprada, en otras temerosa.
Al principio parecía hasta inocuo que un socorrido libro que le regaló Marisabel a Hugo acerca de un ficticio guerrero, sustituyera la literatura revolucionaria y que grupos se plantearan la idea de hacer "círculos de estudio" para comprender al fulano combatiente y la filosofía que el presidente machacaba a diario leyendo el texto en las repetitivas cadenas de radio y televisión. Pero el libro al final no apareció por ninguna parte y no pudo convertirse en Biblia.
Luego surgió un nuevo paradigma que sustituía las ideas del socialismo clásico y contemporáneo, que olvidaba a los pensadores de avanzada latinoamericanos, a los ideólogos citados en las discusiones y los análisis cotidianos, el ejemplo de Tony Blair y su Tercera Vía. Esta se tornó por un tiempo la nueva referencia para construir una sociedad más avanzada porque era el criterio del presidente al inicio de su mandato. Adiós Galeano, adiós Dos Santos, adiós Mariátegui. Una parte de la izquierda que se resistía a tal disparate, sin embargo lo justificaba arguyendo: "Bueno, mejor Tony Blair que Carlos Andrés Pérez".
Cuestionar pasó a convertirse en un verbo y acto proscrito, pese al aguaje de proclamar lo contrario en encendidas transmisiones televisivas. Decir lo que se pensaba críticamente significaba "hacerle el juego a la derecha", típico argumento de quienes están solo para ganar la indulgencia y el usufructo del poder y no para el servicio a las clases más pobres. Una vez un anciano se atrevió a denunciar de frente como falsas las obras anunciadas en vivo en un "Aló presidente" por unos ministros mentirosos; el propio Chávez lo mandó a callar. "No acepto que le falten el respeto a mis ministros". "Sus ministros", así, con el posesivo que simplificaba a la caterva de adulantes acríticos que pasaron por ahí, con las excepciones de siempre.
Lo que muchos habíamos aprendido durante nuestra trayectoria política revolucionaria de........
