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Sin libertad no hay transición: lo que Venezuela debe aprender de 1936

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29.01.2026

En Venezuela, la lucha por la libertad y la dignidad lleva décadas marcada por heridas que todavía no cicatrizan. Este dolor colectivo no es una metáfora ni una exageración retórica: es la realidad de miles de venezolanos que han sido perseguidos, encarcelados arbitrariamente, torturados o desaparecidos, y cuyas familias hoy continúan esperando respuestas mientras el país no sabe hacia donde se dirigirá y aun no resuelve lo más elemental: la liberación plena de los presos políticos.

El verdadero punto de partida hacia una transición democrática no está en un cambio de nombres ni en la promesa de nuevas elecciones. Está en desmontar, sin ambigüedades, el aparato represivo que ha sostenido durante más de dos décadas la estructura del poder autoritario en Venezuela. A veces, la historia no solo sirve de espejo, sino de advertencia.

Desde principios de enero de 2026, con la captura de Nicolás Maduro y su traslado a los Estados Unidos, el nuevo momento político ha traído cifras oficiales que hablan de liberaciones masivas. Sin embargo, las organizaciones de derechos humanos han verificado que sólo un pequeño porcentaje de presos políticos ha sido excarcelado realmente, mientras cientos siguen encarcelados bajo cargos arbitrarios, sin transparencia y sin garantías. Hablar de ¨excarcelaciones¨ sin libertad plena y con régimen de presentación no es allanar el terreno para el reencuentro de ideas y repensar Venezuela.

En 1936, tras la muerte del dictador Juan Vicente Gómez, Eleazar López Contreras asumió la Presidencia en medio de una nación agobiada por el silencio, la cárcel y el exilio. Su primer gesto fue liberar a los presos políticos, permitir el regreso de........

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