Luto en el Tribunal Constitucional
Luto en el Tribunal Constitucional
Los magistrados hemos pasado o pasaremos, pero Herminio Losada debería haber permanecido por siempre en su despacho de la segunda planta de Doménico Scarlatti
Andrés Ollero, Manuel Aragón y Enrique Arnaldo
Más de uno puede pensar que el Tribunal Constitucional no vive uno de sus mejores momentos. Ni la actual polarización de la vida política, ni el discutible desarrollo del sistema de nombramiento de sus magistrados previsto por la Constitución, se lo ponen fácil. No deja de haber algo de efecto óptico en el asunto, que afecta gravemente a la imagen del Tribunal que la opinión pública percibe y que la doctrina jurídica cuestiona. Pero no es esta la noticia, ya que tan ingrata situación no es una novedad, pues se viene manteniendo desde hace algunos años. Lo es, y tan triste como inesperada, el fallecimiento de uno de los letrados del Tribunal; y Herminio Losada no era precisamente un letrado cualquiera.
Cuando el Tribunal se puso en marcha, hace cuarenta y cinco años, se creó un cuerpo de letrados, similar al existente en las Cortes Generales. Un cuerpo decisivo, porque los magistrados, como los diputados, por profunda que sea su huella, acaban estando de paso. Los primeros integrantes del cuerpo pertenecían, como debe ser, a prestigiosos escalafones, con predominio –como ocurre con los magistrados– de procedencia académica o judicial. Con los años se fue recurriendo a un sistema más ágil, de adscripción temporal, que permitía que los letrados fueran aportando sus más diversos conocimientos jurídicos y volvieran luego a sus tareas, enriquecidos por tan valiosa experiencia, dando a la vez más........
