El fuego liberador del humanismo
El fuego liberador del humanismo
El humanismo nos enraíza con nuestra esencia y ese arraigo nos da alas, nos permite, como a un árbol frondoso, echar copa en proporción a las raíces
La expresión es de Ortega. En una nota de 1906 titulada 'Las fuentecitas de Nuremberga' (sic), el entonces jovencísimo ensayista español hablaba de los «comerciantes patricios», en concreto, de un tal Wilibaldo Pirckheimer, humanista a pesar de ser abogado, y amante del saber sin llegar ... a ser filósofo. Gobernó su ciudad natal en dos momentos diferentes de principios del siglo XVI y fue amigo de Erasmo de Róterdam y de su conciudadano Alberto Durero, quien lo retrató en varias ocasiones.
Pirckheimer, como Durero, Leonardo o Erasmo, eran humanistas justamente porque no sólo eran humanistas. Eran teólogos, artistas, pintores, juristas, comerciantes, pero al propio tiempo, afina Ortega, «hombres sabios y eruditos, ciudadanos filosofantes, lucidos escritores y ardientes caballeros de las ideas». Pues un humanista de cualquier época, sea hombre o mujer, dedíquese a lo que se dedique, hable en latín, español o italiano, debe aplicar la erudición y la sabiduría a lo que hace, lo que no significa otra cosa que preocuparse por hacerlo bien, o si se quiere, por hacer el bien.
También debe ser un ciudadano filosofante, o lo que es lo mismo, que no se conforme con vivir en la ciudad, sino que busque civilizarla, que no sea únicamente ciudadano sino también «cuidadano» (aquel que la cuida). A su vez debe estar convencido de que en sociedad la única manera de convencer a los adversarios es........
