La “compleja” política exterior de Donald Trump
En más de una columna anterior me he referido a la figura del presidente actual de Estados Unidos, Donald Trump. No hay que ser muy suspicaz para darse cuenta de la distancia que me genera, en términos políticos, humanos y culturales su comportamiento, al igual que he sido crítico de la falta de conciencia de la ciudadanía estadounidense para con su propio país y con el mundo, en la lógica de que el principal foco, aunque parezca un contrasentido, de la política interior de Trump, que es la que le ha granjeado su popularidad y los millones de votos que lo eligieron, tiene que ver con posicionar a Estados Unidos en una situación de privilegio que, sin lugar a dudas, no pretende fundarla en los mecanismos establecidos por el derecho internacional hace casi ochenta años.
También hemos sido críticos de la eficiencia del derecho internacional, incapaz de resolver, con justicia jurídica y resguardo moral, muchos de los conflictos que hemos vivimos en estos ochenta años y, por lo mismo, ha permitido el surgimiento de una especie de “nuevo emperador”, que marca de manera discrecional los escenarios internacionales (pensemos en los casos del conflicto entre Rusia y Ucrania, o el palestino israelí) y también la política interna de muchos países, el caso extremo acaecido hace algunas semanas en Venezuela y que tiene como saldo el irrespeto de la soberanía nacional venezolana, la muerte de más de cincuenta personas, el arresto ilegal de un mandatario y el levantamiento de acusaciones que, por lo menos a la luz de lo publicado por la prensa y los relatos de la formalización de Nicolás Maduro y su esposa, parecen no presentar pruebas concluyentes para declararlos partes de una red internacional de terrorismo y narcotráfico.
La conclusión primaria es que el llamado “Orden Internacional” no existe, aunque sinceramente no sé si alguna vez existió más allá de salvaguardar intereses particulares de los miembros........
