Danzar la incomodidad o el arte de sacudir estructuras
Esta columna la estoy construyendo mentalmente desde el 21 de mayo. Vueltas y vueltas dieron en mi cabeza frases que parecían desconectadas pero que finalmente logro resumir de la siguiente manera: el camino de la transformación social nunca ha sido un terreno plano. Cuánta obviedad y cuánta frustración a la vez.
Quienes decidimos apostarle a cerrar brechas sabemos que la gestión está llena de ilusiones iniciales, de proyectos que nacen con la fuerza de un sueño compartido y que nos hacen creer, una vez más, que todo es posible en nuestro contexto. Todo es todo: lo bueno y lo no tan bueno. Sin embargo, tarde o temprano ese entusiasmo choca de frente con muros invisibles pero profundamente arraigados. Intentar cambiar las realidades desde el arte, usar el movimiento para cuestionar lo establecido y levantar la voz frente a las lógicas hegemónicas, el racismo estructural o la norma impuesta, sigue siendo una tarea incómoda para el sistema.
Bajo esa convicción........
