El arte de la guerra
Julian Gewirtz lo señalaba para The New York Times a raíz de la visita de Estado de Donald Trump a China (ver aquí): mientras que Washington está atrapado en una lógica corta de ciclos electorales, encuestas y rentabilidad política inmediata, Pekín da muestras de una mirada que atraviesa las décadas y se piensa a sí misma desde la perspectiva de todo un siglo.
Estados Unidos, en otras palabras, actúa como una potencia que necesita victorias visibles y rápidas; China, como una civilización política paciente y dispuesta a esperar. Y en esa diferencia puede hallarse la razón de que China, en el siglo XXI, llegue a la cumbre del poder mundial.
Como lo recuerda Gewirtz, no es casual que, en medio de la guerra comercial con Estados Unidos, los medios estatales chinos hayan recuperado el célebre ensayo de Mao Zedong escrito en 1938 durante la invasión japonesa, esto es, Sobre la guerra prolongada.
Allí Mao defendía una idea que hoy parece orientar nuevamente a la dirigencia china, a saber, que el adversario más fuerte puede imponerse en el corto plazo, pero no necesariamente en el horizonte largo.
Resistir, acumular capacidades, evitar la confrontación prematura y desgastar lentamente al rival constituye, para China, no tanto un signo de debilidad como una forma superior de racionalidad estratégica.
Detrás de todo, hay una lógica profundamente emparentada con la tradición estratégica clásica china. En El arte de la guerra, escrito hace más de dos mil años, se lee que «los guerreros expertos se hacen primero invencibles y luego esperan........
