Acuérdese de respirar por la nariz: su salud (física y mental) se lo agradecerá
Respirar es la tarea más automatizada que realizamos de forma cotidiana. Sucede sin pensarlo, miles de veces al día, desde el primer segundo de vida hasta el último. Sin embargo, la forma en la que inspiramos y expiramos el aire (por la nariz o por la boca) puede tener un impacto enorme en nuestra salud no solo a nivel físico, sino también mental y emocional. Y lo sorprendente es que muchas personas lo hacemos “mal” sin saberlo.
La respiración oral, es decir, respirar con la boca abierta, se ha vuelto cada vez más común en la sociedad moderna. Las congestiones nasales, las alergias, el estrés, los hábitos adquiridos o incluso el uso excesivo de pantallas (que altera nuestra postura) contribuyen a que muchas personas mantengan la boca abierta de forma casi constante. Pero lo que parece inofensivo puede provocar una cadena de efectos negativos en el organismo.
La nariz, esa barrera protectora
Para empezar, la nariz no está ahí por casualidad. Es un órgano altamente especializado diseñado para preparar el aire antes de que llegue a los pulmones. Filtra partículas, calienta el aire y lo humedece. Pero cuando respiramos por la boca, nos saltamos todo este proceso: el aire entra más frío, seco y cargado de impurezas, lo que puede irritar las vías respiratorias y aumentar la susceptibilidad a infecciones.
De hecho, diversos estudios han relacionado la respiración oral con una mayor frecuencia de resfriados, infecciones respiratorias y problemas inflamatorios. Al no pasar........
