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El mito de los carbohidratos para hacer deporte: ¿cuántos hay que tomar realmente?

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09.02.2026

Durante años, la nutrición deportiva se explicó con una metáfora sencilla: el músculo era un motor; el glucógeno (la forma en que el cuerpo almacena carbohidratos para usarlos como energía rápida), su gasolina; y la fatiga aparecía cuando el depósito se vaciaba. Bajo ese prisma, la estrategia parecía obvia: comer muchos carbohidratos, llenar los depósitos y, si era posible, seguir metiendo combustible durante el ejercicio. Más carbohidratos = mejor rendimiento.

Pero la fisiología del ejercicio rara vez es tan lineal. Una revisión publicada a finales del mes de enero, que integra más de 160 estudios sobre ingesta de carbohidratos, metabolismo y rendimiento, sugiere que el relato clásico se queda corto. El problema no es que los carbohidratos “no sirvan”, sino que su papel principal quizá no sea el que creíamos.

El modelo tradicional se centra casi por completo en el músculo y descansa sobre tres supuestos:

El músculo trabaja gracias al glucógeno.

Cuando el glucógeno se agota, aparece la fatiga.

Por tanto, hay que maximizar reservas de glucógeno y aporte de carbohidratos.

Este enfoque tomó fuerza a partir de los años 60, cuando las biopsias musculares permitieron medir el glucógeno antes y después del ejercicio. Se observó que los atletas con más cantidad de este tipo de hidrato aguantaban más tiempo a intensidades moderadas-altas, y de ahí se derivó la recomendación de “carga de carbohidratos” como si fuera una ley universal.

Sin embargo, había un detalle que se contempló menos: qué ocurría con la glucosa en sangre y con el sistema nervioso central cuando esos deportistas se acercaban al agotamiento.

La revisión actual pone el foco en algo mucho más pequeño que un músculo, pero muchísimo más crítico: la pequeña reserva de glucosa que circula en la sangre y el papel del hígado para mantenerla estable.

Nuestra sangre contiene solo unos pocos gramos de glucosa en cada momento; no es un depósito, solo un “charco” pequeño pero vital. Y el cerebro depende de ese flujo continuo. Cuando un esfuerzo prolongado hace descender la glucosa sanguínea y el hígado no es capaz de producir suficiente, el........

© The Conversation