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¿Se comportarían igual los adolescentes de ‘El señor de las moscas’ en la actualidad?

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13.05.2026

La nueva adaptación audiovisual de El señor de las moscas ha devuelto a la conversación pública una pregunta incómoda y fascinante: ¿qué ocurre cuando un grupo de adolescentes queda aislado de la supervisión adulta? La novela de William Golding, publicada en 1954, se convirtió en un clásico precisamente porque obligaba a mirar de frente los conflictos entre civilización y barbarie, cooperación y violencia, pertenencia y exclusión.

Sin embargo, releer hoy esta historia desde la psicología y las ciencias sociales permite ir más allá de la idea simplista de que “el ser humano es malo por naturaleza”. Lo verdaderamente perturbador no es solo la violencia que aparece, sino cómo surge a través de las dinámicas grupales propias de la adolescencia: la necesidad de reconocimiento, la presión de los iguales, la lucha por el estatus y el miedo a quedarse fuera.

La novela incomoda porque no habla únicamente de una isla desierta; habla de cualquier contexto donde el miedo pesa más que la empatía.

La adolescencia: una etapa social antes que individual

Tradicionalmente, la adolescencia se ha interpretado como un periodo de cambios individuales: hormonales, emocionales o cognitivos. Pero hoy sabemos que gran parte de la identidad adolescente se construye socialmente. Los iguales funcionan como un espejo desde el que los jóvenes aprenden quiénes son, qué lugar ocupan y qué conductas les otorgan aceptación.

En El señor de las moscas, el grupo no tarda en organizarse en torno a liderazgos, alianzas y normas implícitas. Ralph representa un modelo de autoridad basado en la cooperación y la deliberación; Jack, en cambio, encarna un liderazgo emocional y tribal, sustentado en el miedo, la excitación colectiva y la promesa de........

© The Conversation