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Los balnearios de Allende y las piscinas del San Cristóbal: arquitectura para el descanso como política pública

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03.01.2026

No tengo las competencias para afirmar si Byung-Chul Han es un buen o mal filósofo, si tiene la profundidad que se le exige a la disciplina, pero sí confieso que lo sigo con interés, que entiendo lo que dice y escribe (aprecio ese mérito suyo), y que sus ideas respecto de la hiperproductividad y la súperconectividad actuales funcionan como un diálogo interno que me ayuda a poner límites en mi relación con el trabajo, las redes sociales, las frenéticas demandas del mundo exterior. Y, cuando me sobregiro, cuando la adicción al hacer, al estar al tanto, al documentar para las redes mis experiencias me devoran, ahí está Byung-Chul Han como un amigo gentil, que siempre aconseja bien, y me ayuda a bajarme del pony.

No vengo de la cultura de las vacaciones. Por distintos motivos familiares, personales, de los vaivenes del bolsillo, la costumbre de parar dos semanas, un mes, entró más bien tarde a mi sistema de vida. En la época de estudiante, no recuerdo que haya sido una necesidad salir de Santiago. Todo lo contrario, la sola idea del cambio de escenario y de rutina me perturbaban. Pero en la adultez, parar un rato, alejarse de la lista interminable de pendientes, de la subordinación de las jefaturas, de la carga doméstica, se volvió un nutriente indispensable para volver a mí, a reencontrarme con mi identidad fuera de mi rol de trabajadora y de dueña de casa. A unos días de irme a la playa, no pienso especialmente en el paisaje precioso que sé que me espera. Mis expectativas están en el viaje mental y creativo, siempre impredecible, que se abre cuando se cierra la llave de la producción y se le da espacio al tiempo libre, a hacer lo que manden las ganas. Podría optar por un plácido “staycation”, como he hecho en varias oportunidades, porque mi casa cumple con todas las condiciones para descansar, incluida la más relevante por estos días: buen aislamiento del calor. Faltaría, eso sí, la naturaleza y ese silencio que todo lo cura.

“Nunca está nadie más activo que cuando no hace nada, nunca está menos solo que cuando está consigo mismo”, escribe Byung-Chul Han en “La sociedad del cansancio”, valorizando esa exquisita “actividad” que surge solo al pausar la hiperactividad del rendimiento social.

Inevitablemente, entonces, pienso en quienes no tienen la posibilidad de detenerse nunca jamás. Estoy, estamos, rodeados de esas mujeres y hombres para quienes la supervivencia no se los permite y cargan con ese demoledor agotamiento físico y mental que........

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