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La UDI después de la UDI: chao Chile Vamos

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Fue Pablo Longueira quien sentenció, hace un par de años, que la UDI había sobrevivido básicamente, porque así lo quiso José Antonio Kast. Lo dijo mucho antes de que JAK arribara a La Moneda. Días después del triunfo, le pregunté a un importante dirigente republicano si acogerían a los militantes UDI que podrían llegar a tocarles la puerta. “Estamos bien con los que somos: para qué crear problemas”, me respondió. 

Ergo, ellos sí quieren venir, pero nosotros decimos que mejor que no. 

“La UDI se mimetizará con los republicanos. Es inevitable”, me dice un RN. 

¿Se van o no se van?, es la pregunta que ronda en torno de la nueva camada de parlamentarios UDI. Porque parecen más a la derecha que la UDI de los últimos tiempos; porque tienen un pasado común con los republicanos; porque van al choque; porque desconfían con pasión -a veces desbocada- de todo lo que huela al Frente Amplio, porque van sin pudores a Sin Filtros a desparramar combos verbales. Huyen de la derechita cobarde.

Son, entre otros, Constanza Hube, Ricardo Neumann y Eduardo Cretton.

Ellos son parte de la nueva camada UDI. La que viene después de Guillermo Ramírez, Jaime Bellolio, María José Hoffmann y Javier Macaya, entre otros. Son nietos de los coroneles. Eran niños o no habían nacido cuando asesinaron a Jaime Guzmán.

“Buscamos que la UDI sea una derecha seria y responsable, alejada del populismo, con una clara identidad”, esgrimen. 

“Es crucial que la UDI se enfoque en su esencia gremialista y no se convierta en un apéndice de José Antonio Kast. La historia reciente, incluyendo el rechazo a la nueva constitución, ha moldeado nuestra generación y debemos aprender de ello para fortalecer nuestra posición en la derecha”, dicen.

“La UDI tiene el desafío de recuperar su identidad después de que fue por mucho tiempo escudero de RN. Hoy no podemos ser los escuderos de republicanos. La UDI debe ser el “partido ancla” del oficialismo”, opina el diputado Ricardo Neumann.

Tarea difícil. La UDI debe recuperar un espacio que Republicanos les quitó con zarpazos fulminantes. Perdieron las últimas dos presidenciales frente a Kast, un exmilitante histórico, el primer gremialista en llegar a La Moneda.

Una máxima: combo a combo

La derecha millennial nace en 2010. A los UDI sume a Francisco Orrego de RN. Otros agregan a Johanness Kaiser. También Camila Flores. Son los con mayor visibilidad.

¿Sus orígenes? ¿Qué los curtió y qué les hizo ser como son? Hay coincidencias en los hitos. Varía el orden de importancia, pero no son los momentos estelares.

-Se fraguaron en las batallas universitarias contra la nueva izquierda que devino en Frente Amplio. Les dieron batalla a los Jackson, Crispi, Boric y Vallejo. Perdieron casi todas. “Nos tocó enfrentar a una izquierda con una aproximación político y cultural muy distinta a la Concertación”, dice Neumann, que compitió por la FEUC en 2010 contra Giorgio Jackson: perdió por 300 votos.

Las marchas estudiantiles de la izquierda fueron alerta temprana: si no daban la pelea combo a combo su destino era la futilidad.

El vigor de la nueva izquierda les inyectaba vigor. Cada uno había encontrado a su antípoda, algo esencial en la geografía política.

-El estallido social es para la nueva derecha lo que la Reforma Agraria y la UP fueron para la vieja. Existe un antes y después: el 19-O los marcará de por vida. El cliché sentencia que en política no existen los enemigos, sólo los adversarios. Dudoso. El octubrismo -y todos sus cómplices activos y pasivos- es el enemigo para la derecha millennials. De ahí, otra vez, el mismo aprendizaje: dar la pelea combo a combo.

-Decidieron entrar al ring en el primer proceso constituyente. “Fuimos a Vietnam”, me dice Cretton. María Rivera, Stingo, Baradit y compañía pueden jactarse de haber liberado los espíritus animales de la derecha. “Chile estuvo a punto de caer en el abismo”, dicen. Eso, haber estado, piensan, a un tris de el apocalipsis político, tampoco pasará al olvido. Por los siglos de los siglos.

-Los Boric y Jackson que les ganaban las elecciones universitarias, llegaron al poder: la peor de las pesadillas. Y desbancarlos, el mejor de los sueños.

Esta historia amalgamó una propuesta política y alumbró el mantra de esta generación: la repetida batalla cultural. La pelea por las ideas. La hegemonía. Gramsci. 

Tras esta definición de batalla hay una crítica implícita a la derecha post-dictadura: mucha gestión y tecnocracia y poca política. 

Así la izquierda instaló en el sentido común el fin del lucro, No+AFP, educación gratuita, la derecha está coludida con los empresarios y la benevolencia con la inmigración.

“Hoy existe una valoración por la autoridad, el orden, el crecimiento económico, regularizar la inmigración”, dice la nueva camada con tono de avance de las tropas en la batalla cultural.

Chile Vamos está muerto

“La relación con Chile Vamos está en crisis; creo que ha “muerto” y la UDI debe buscar su propia identidad”, sentencia Cretton.

“Chile Vamos murió, está extinto. Es una coalición que ya cumplió su ciclo hace mucho rato, estuvo con respirador un buen tiempo”, señala Hube.

“Chile Vamos cumplió su ciclo, que estuvo asociado al tremendo liderazgo y aporte de Sebastián Piñera”, opina el diputado Neumann, quien agrega que “hoy, el centro de gravedad de la política, al menos por la derecha, está en el gobierno”.

La conclusión es que, sin Piñera, el proyecto Chile Vamos no flota. Que la estrepitosa derrota de Matthei no es la causa de la debacle, sino más bien consecuencia de la decadencia de una coalición. Que la UDI necesita brillar por sí sola y que Chile Vamos la hizo perder identidad.

“Hay descontento en el partido por la atención que le dimos a Chile Vamos en lugar de enfocarnos en la UDI. Valoro la historia, pero deseamos recuperar el protagonismo y la autonomía en el debate político”, dice Cretton.

“Muchas de las decisiones equivocadas que tomó Chile Vamos terminaron arrastrándonos”, argumentan.

Durante y después de los gobiernos de Piñera varios UDI devinieron en piñeristas, pese a las diferencias históricas entre el exmandatario y el gremialismo.

La nueva camada recalca, con respeto y agradecimiento por los dos gobiernos, que no son ni fueron piñeristas.

¿Qué viene ahora en la derecha?

“Esa es la pregunta del millón”, dice Cretton. Su hipótesis -también apuesta- es que en la próxima primaria presidencial del sector compita un RN, un UDI y un Republicano.

Lo mismo opina Diego Schalper de RN.

Los millennials UDI creen en una coalición amplia de la derecha para darle gobernabilidad a Kast. “El diseño de Boric -un gobierno, dos coaliciones- fue un fracaso”, argumentan.

Neumann sostiene que “el oficialismo está ejecutando legislativamente el programa de gobierno. O sea, hay una coalición de facto. Creo que en la medida que se acerquen las elecciones municipales, aquello que funciona de facto debería mutar a una alianza formal”, opina Neumann.

Algunos parlamentarios de RN como de la UDI sostienen que los más reticentes a la idea de una coalición amplia son precisamente los republicanos. “Con eso sólo dañan al presidente”, esgrimen.

“Yo los entiendo: aquí debe existir un tiempo de rodaje, de ensayo y error”, dice Neumann.

Otros son más críticos: ven en Republicanos una resistencia identitaria. Un pecado de ombliguismo. Poca visión de futuro. 

“Republicanos sigue pegados a una lógica identitaria creo que está priorizando más el proyecto republicano que el gobierno del presidente Kast. Los republicanos están muy en la suya”, argumenta Cretton.

“Pero seamos justos: en RN -Diego Schalper- y sobre todo en Evopoli -por ejemplo, Hernan Larraín Matte- son reacios porque el paraguas de Chile Vamos les funciona. En Evopoli, porque no les queda nada más que eso”, dicen.

¿Y Longueira enciende los ánimos o no?

El líder de la UDI ha vuelto a la palestra. Anunció que postulará a la presidencia del partido.

“Siempre hay mucho que aprender de Pablo”, me dice Cretton. No hay nadie quien no alabe públicamente el rol del coronel Longueira en la expansión que tuvo la UDI post dictadura, cuando pocos daban un peso por la sobrevivencia de un partido que era el sustento político de Pinochet.

Longueira fue el padre de la UDI popular, una época que despierta melancolías en el partido.

Dentro de la nueva camada UDI son cuidadosos con las palabras cuando hablan de Longueira. Esgrimen que lo más importante es el proyecto, más que los nombres que dirigirán el partido. Manera de salir jugando.

Cretton es más directo: “Esto no puede ser un “retorno a”. Los tiempos políticos que vivió Pablo fueron muy distintos a los tiempos políticos que vivimos hoy. Pablo fue un hombre de la transición, hoy día estamos en la post transición”.

Algunos jóvenes gremialistas no olvidan un hito. En el primer plebiscito -el apruebo o rechazo a escribir una nueva constitución- gran parte de los jóvenes gremialistas optó por el rechazo. Decidieron perder con las botas puestas.

¿Qué tiene que ver Longueira con esto?

“El fue uno de los primeros en cuadrarse con el Apruebo. Imagina lo que sentimos: la desilusión de que nuestro líder estuviese en la otra vereda”, me dicen.

¿Por qué no dar el paso?

“Porque me gusta más el original que la copia”, me dice un parlamentario, cuando le preguntó las razones para no emigrar a republicanos, como muchos en la derecha profetizaban. 

No les acomoda un partido centrado en un liderazgo que copa todo. “Para nosotros es más importante el proyecto del gremialismo que Kast”, agregan.

“Nos sentimos muy orgullosos de la UDI. Cuando hoy ves que las nuevas derechas hablan de Jaime Guzmán, constatas que la UDI hizo la pega. Es un triunfo de un proyecto político, de una doctrina que es el gremialismo, más allá de los personalismos”, argumentan.

El eslogan de la nueva camada: “queremos un partido sobrio en la forma y sólido en la forma”.


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