Columna de Kike Mujica: Republicanos vs. La opinología exquisita
“Una fronda aristocrática casi siempre es hostil a la autoridad de los gobiernos”.
-¿Qué importancia les dan a las opiniones de Carlos Peña, Arturo Fontaine o Javier Couso? -, le pregunto a un conspicuo miembro del Gobierno.
-Los Republicanos no leemos las cartas, columnas ni las editoriales de El Mercurio, en los matrimonios preferimos bailar antes que conversar en el cocktail y nuestra agenda en terreno está más enfocada en las sedes sociales y clubes de adulto mayor.
En plena campaña presidencial un miembro del círculo de hierro de JAK criticaba los temas que comentábamos al aire los periodistas políticos. “Ustedes son la élite hablando para la élite. Están preocupados de temas que a la mayoría de la gente les interesa cero. Pero cero, en serio”.
Su lógica era (es) la siguiente: lo que no se habla en un bus del Transantiago o en una feria, no clasifica como un tema relevante o para (pre) ocuparse.
Me lo dijo por el debate respecto de la incipiente candidatura de Michelle Bachelet a la secretaría general de la ONU. “Ustedes están más preocupados que nosotros del tema. No es algo que le preocupa a la gente”, me dijo.
Por esos días, Brasil y México le dieron el apoyo a la exmandataria.
Le pregunté si eso afectaba la decisión de JAK -aún no la tomaba- de apoyar o no a Bachelet.
“Brasil y México valen lo mismo que Djibouti y Sudán del Sur”, me respondió con desdén.
Círculos de poder de La Moneda exudan menosprecio por los temas que inquietan a las élites intelectuales. De derechas e izquierdas. La academia estaría cooptada por el progresismo. La derecha liberal hipnotizada por esas corrientes.
“Evópoli es la derecha woke”, dicen.
El buenismo liberal-progresista -y lo políticamente correcto-, según ellos, habita de la rotonda Pérez Zujovic hacia arriba, por las derechas; y en Ñuñoa por las izquierdas.
“Poco se fijan en los dolores de los chilenos. Después se llenan de foros, diagnósticos, conversatorios para no avanzar en nada. El crimen organizado no se ataca con chai latte y pata cruzada en un buen sofá y el ministro Arrau está dando muestras de ese trabajo en terreno que se requiere”, dice el diputado y jefe de bancada de republicanos, Benjamín Moreno.
Ni hablar del debate actual sobre si el gobierno es iliberal o no. Para republicanos, es un fumadero de opio de columnistas e intelectuales de la fronda: entre otros, Carlos Peña, Javier Couso, Arturo Fontaine, Daniel Matamala. Iluminados que habitan Torres de Marfil.
“Cuando hablamos de falta de libertad, yo llamo a todas las personas que opinan, hubo mucho opinólogo la semana pasada, que vayan un poco a las poblaciones y que vean el grado de libertad que tienen las personas que viven ahí”, dijo el ministro Martín Arrau.
Carlos Peña -a este Gobierno lo sitúa en la “ultraderecha”- escribió en El Mercurio: “Los discursos del Presidente Kast en la Cumbre Transatlántica, las reuniones con Orbán y las alabanzas a Bukele, la puesta en escena del traslado de reos (que los matinales y las radios transmitieron y comentaron como si se tratara de una película de superhéroes), el abandono de la neutralidad en cuestiones religiosas, eran indicios. El proyecto de reforma que se ha sometido a discusión deja poco espacio para negar la inspiración iliberal del Gobierno”.
Fontaine -ligado a la derecha liberal- y Couso -ligado a la centro izquierda- escribieron una columna en El Mercurio -que en su editorial ha sido particularmente duro con la reforma constitucional promovida por el gobierno- que avivó la ofensiva anti-elite de los republicanos.
Fontaine y Couso señalaron: “Gobiernos iliberales son los que, con respaldo de las mayorías y de modo legal, socavan las libertades, típicamente buscando........
