El “tutti frutti” de Quiroz
Paulina Vodanovic la bautizó antes de que llegara al Congreso: ley “tutti frutti”, porque mezcla peras con manzanas. Y eso, sin que aún conozcamos el texto completo; bastaron los adelantos para justificar el apodo. El Plan de Reconstrucción Nacional iba a ingresar esta semana. No ocurrió: el Gobierno postergó la presentación porque no tenía los votos propios para sacarlo adelante. Eso dice bastante de cómo está conduciendo su principal iniciativa legislativa.
Y no es el primer traspié. Igual que cuando Chile Vamos advirtió sobre el alza del precio de los combustibles y no fue escuchado, el oficialismo vuelve a mostrar que el discolaje interno tiene costos. Cuarenta medidas que abarcan reconstrucción postincendio, rebaja de impuestos a grandes empresas, permisología, seguridad y varias materias más, todo envuelto en un mismo proyecto encabezado por el ministro Quiroz.
Pero el problema no es solo el desorden. Es lo que el desorden permite colar. Dentro del paquete hay una rebaja del impuesto corporativo que, hasta donde sabemos, no viene con compensación de recaudación. La pregunta es simple: si bajas los impuestos a las grandes empresas sin compensar la pérdida, ¿de dónde sale lo que falta? La respuesta, hasta ahora, es un acto de fe. Y hay consenso técnico en que recuperar lo que se pierde en recaudación toma al menos una década. Diez años en que el Estado tendrá menos plata. El Gobierno que describió las arcas como quebradas -lo que luego fue desmentido por Quiroz- no ha dicho cómo sobrevive ese período, ni cuándo llega ese largo plazo que promete el dogma del chorreo.
El envoltorio apela a familias damnificadas por incendios; el contenido, en cambio, apunta a reducir impuestos a los más ricos y que la menor recaudación la paguen los mismos de siempre. Eso es lo que la oposición tiene que decir con claridad, y rapidez, porque el gobierno ya está construyendo su relato: quien no apruebe este proyecto bloquea la reconstrucción. Es una trampa conocida y efectiva. Y hay que decirlo con franqueza: el desafío puede exceder lo que la oposición es hoy. Las batallas comunicacionales de este tipo las ganó la derecha en el Rechazo y en las últimas presidenciales. Saben hacerlo. Tienen estructura y recursos.
La buena noticia es que la oposición llega a esta batalla en mejor pie que hace dos semanas. Las reuniones semanales de coordinación entre presidentes de partido, secretarios generales y jefes de bancada están produciendo algo concreto: una posición común frente al proyecto, la exigencia de separar las materias, la disposición a aprobar lo que sirva y rechazar lo que no. No se trata de obstrucción, sino de precisión. Separar la paja del trigo en público, con argumentos, de cara a la ciudadanía.
Pero organizarse no es suficiente. Esta es también una prueba de fuego comunicacional, y ahí el progresismo arrastra una deuda. El Partido Republicano y el Partido de la Gente han aprendido a operar en múltiples plataformas simultáneamente, con voceros diferenciados que cubren distintos públicos pero bajo una misma narrativa. El progresismo todavía no termina de aprender esa lección. Esta batalla es la oportunidad. Cada actor puede tomar un flanco del proyecto, desmontarlo con sus propios códigos y con su propia audiencia, siempre que todos estén contando la misma historia.
El desafío es no perderse en los detalles técnicos cuando la conversación real está en otro lado. La gente no llega a fin de mes, el Gobierno, a través del ministro Quiroz, decidió subir la bencina de golpe, la inflación sigue subiendo, y el gobierno ofrece como respuesta un proyecto que le rebaja impuestos a las grandes empresas sin decir cuánto se pierde en recaudación ni cómo se compensa. Menos recaudación sin compensación no es neutral: agrava el déficit fiscal que el propio gobierno dice querer corregir. Y cuando el Estado tiene menos, lo que se recorta no son los privilegios de quienes más tienen, sino los derechos de quienes más necesitan. Menos hospitales, menos seguridad, menos Estado.
El “tutti frutti” de Quiroz es la primera prueba real para la oposición.
