menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Crítica a “El Agente Secreto”: una historia inconclusa

9 0
27.02.2026

Kleber Mendonça Filho abre “El Agente Secreto” (O Agente Secreto) con cuatro declaraciones fílmicas en menos de 10 minutos. Todas dando cuenta de la época y estado de la nación en la cual ambienta su película, y todas hechas a través de una muy cuidada construcción cinematográfica. Una conversación sobre música en la radio, una serie de fotografías mostrando esos momentos que se vuelven tan efímeros como inmortales, un texto que nos dice que 1977 fue una era canalla en Brasil, y una escena con un cadáver en una gasolinera que a casi todos les resulta indiferente. El recifense va a ir recogiendo cada uno de esos aspectos temáticos durante las poco más de 2 horas y media de metraje de su película. Va a ir agregando comentarios y otros ejercicios narrativos en una obra que resulta impredecible, inseparable de sus temas pendientes, y que en el papel, es una forma de relato que no debiera funcionar.

Pero no sólo funciona, sino que además, es una de las mejores películas del 2025. Un viaje por una época oscura, transmitida de forma impecable gracias a un diseño de personajes e interpretaciones soberbias, lideradas por un simplemente magistral Wagner Moura. “Marcelas” es un profesor que viaja a Recife, huyendo por razones que no serán reveladas hasta bien entrada la duración de la película, y escondiéndose a plena vista en una pequeña comunidad de parias de la época.

En líneas paralelas vemos retazos de la historia de una pierna humana rescatada de las fauces de un tiburón, el estreno de “Tiburón” en las salas de cine de la ciudad, actos varios de corrupción, la búsqueda de una salida a la situación y el intento de reconstrucción de los hechos, en un ejercicio de memoria tan obstinada como no resuelto.

Es curioso el hecho de que “El Agente Secreto” no menciona que transcurre bajo la dictadura brasileña en ningún momento de la película. Lo sabemos. Está ahí, en cada uno de los acontecimientos. Pero no hay una referencia explícita al autoritarismo uniformado gobernante. Llama más la atención que esto coincide, más allá de las lecturas individuales de cada obra, en lo que hacen Jafar Panahi en “Fue Sólo un Accidente” y Diego Figueroa en “Patio de Chacales“. Todas estrenadas en el mismo año, con muchísimos kilómetros y una de ellas a años de separación en su ficción del resto. Pero ese punto en común, parece ser más una señal de contemporaneidad que de cualquier otra cosa. Temáticamente nos dicen que esos eventos ocurrieron, ocurren y seguirán ocurriendo, más allá de apuntar a quién lo comete.

Narrativamente, son un ejemplo gigantesco de la riqueza del lenguaje cinematográfico. Porque cualquiera de estas tres tramas pueden ser intercambiables, pero ninguna está contada con los mismos códigos. “Fue Sólo un Accidente” puede perfectamente ocurrir en Chile, es muy oportuno traer a colación “La Muerte y la Doncella” de Ariel Dorfman; “Patio de Chacales” puede perfectamente ser llevada a Irán; y la crónica de “Marcelas” podría perfectamente ser instalada en Argentina, o España. Pero no por nada dos de ellas han alcanzado nominaciones hollywoodenses este año, y es porque sus temáticas y narrativas las hacen accesibles de manera más amplia, más allá de que todas siguen siendo un ejemplo de cada cultura. Y en el caso de la brasileña, esto se traduce en la falta de un cierre nítido para todas esas historias.

Y de ahí que Mendonça Filho haga parecer su relato uno tan disperso. Tenemos la historia de ‘La Pierna Peluda’, una pierna humana que atacaba a transeúntes a fines de los 70; la mujer de clase alta que intenta eludir la responsabilidad en la muerte del hijo de su empleada doméstica, un caso real del 2020; la desaparición de las grandes salas de cine en Recife, algo que el director también abordó en el documental “Retratos Fantasmas” del 2023; la policía haciendo apuestas sobre la cantidad de muertos en el Carnaval, una forma de encubrimiento de los asesinatos políticos de su era; la búsqueda de la identidad de la madre del protagonista, haciendo un punto sobre aquella memoria extraviada; la corrupción empresarial que abusaba de los investigadores científicos para sus ganancias personales, gracias a los contactos con los uniformados en el gobierno; y sí, hay un etc.

Sé que parece que no he resistido a la tentación de hacer esta columna con la misma cualidad de no cerrar los párrafos que ocupa el cineasta, pero lo cierto es que mencionar todas estas aristas es un intento de transmitir que la coherencia en la prosa de Mendonça Filho está dada en un total que es superior a la suma de sus partes. Y su principal cómplice en ello, es la absoluta estrella de su arte en este largometraje: el baiano Wagner Moura.

Y está claro que el Oscar de este año tiene nombre, apellido y tan sólo 30 años. Y es entendible, por desempeño, popularidad y campaña. Pero lo de Wagner Moura está en el tope de las actuaciones del 2025, como pocas veces se le puede dar mérito. “El Agente Secreto” es un estudio sobre la memoria como ejercicio constante y nunca resuelto, sobre retazos en cuentos y recuerdos que acumulan emociones e información que, tal como la realidad, siempre son sólo los fragmentos que vivimos y aquellos que conservamos.

Y también es una revisión sobre la masculinidad. Sobre ser hombre. En toda su magnitud: padre, hijo, yerno, esposo, pareja. Sus yerros y sus aciertos. Sobre qué hacer cuando la bota del poder se carga sobre tu cuello. Sobre plantar cara, sobrevivir, ser superado por las circunstancias.

Y todo eso, y mucho más que prefiero dejar a los visionados personales, Moura los entalla en un personaje tan complejo, que incluso cuando lo dejamos, nos lo encontramos en otra dimensión. Encarnando a un Brasil que persevera, con sus pérdidas, sus olvidos, con sus incertidumbres y la tozudez de ser más grande que las heridas que le fueron infringidas. Cuando todo eso puede ser observado en un sólo personaje, no queda otra que anotar los nombres de quienes son capaces de armar ese relato. Que todo el reparto haya optado al primer Oscar en esa categoría, es un reconocimiento al borde de lo indispensable, porque Moura es el protagonista, pero lo suyo es una historia colectiva.

Se puede acusar a “El Agente Secreto” de ser una película que elude activamente el resolver cada uno de los aspectos de su trama, pero nadie podría tildar a Kleber Mendonça Filho de ser irresoluto. El nivel de decisión con el que enfrenta su historia, la de su pueblo, su ciudad, su nación, la historia compartida por tantos dentro y fuera del continente, es inversamente proporcional a la cantidad de aristas aparentes en ella. Y es un elogio al lenguaje cinematográfico y su capacidad de dar coherencia a aquello que parece no tener un punto tan claro en común. Porque lo tiene, como la vida en tiempos canallas.


© The Clinic