Puente de Karaj, bombardeado, se transforma en símbolo de resistencia en Irán
Empezar por la cosa evita la tentación de leer demasiado deprisa: el puente como metáfora de la nación, los escombros como alegoría de la resistencia. Esa lectura es frecuente, pero resulta precipitada. Antes de que el puente signifique algo, es un conjunto de vigas de acero, losas de hormigón, polvo y el silencio de una obra a altas horas de la noche. En la madrugada del 2 de abril de 2026, durante los ataques militares de Estados Unidos e Israel, el puente B1 de Karaj, el más alto de la región del Golfo Pérsico, perdió su tramo central. Vehículos cayeron al lecho seco del río. Llegaron los equipos de rescate. Entonces el lugar fue alcanzado de nuevo. La responsabilidad de esta destrucción recae enteramente sobre los agresores.
Lo que sigue es un intento de ir más despacio, no para dilucidar quién es culpable (eso está claro), sino para entender qué sucede después de que alguien ataque una infraestructura. La pregunta: cuando golpean un puente, ¿qué tipo de objeto se vuelve? Y ese objeto, a su vez, ¿cómo actúa sobre quienes se reúnen a su alrededor, lo reparan y hablan de él? Para responder hace falta cierta paciencia con el material, con el hormigón, con el acero, con los sopletes, con las manos que reconstruyen. El puente actúa por derecho propio, y su reconstrucción va más allá de la logística: constituye una forma de respuesta.
Un Corredor Construido con Materiales Nacionales
El puente B1, también conocido como Bilqan 1, carecía de carácter monumental. Era un corredor. Transportaba cada día casi 200 000 vehículos entre Karaj y Teherán, extendiéndose hacia el oeste hasta Qazvin, Tabriz, la región del Caspio y desde allí a las rutas comerciales que conectan Irán con Rusia y Asia Central. Karaj es un suburbio industrial, un paisaje de fábricas de cemento y acerías, de productividad poco glamurosa. El puente aún no había sido inaugurado oficialmente, aunque los vehículos ya circulaban por él. Un detalle que importa: el puente ya funcionaba como puente antes de que nadie cortara la cinta. La utilidad precedió a la ceremonia.
Más relevante aún: el puente se construyó casi por completo con tecnología y materiales iraníes. Según su ingeniero jefe, acero iraní, hormigón iraní, ingeniería iraní. Cada viga se fabricó en fundiciones locales. Cada cálculo lo realizaron ingenieros que aprendieron su oficio bajo sanciones, que nunca dieron por sentada la disponibilidad de componentes foráneos. Este hecho, tanto técnico como económico, pasaría después a formar parte de la nueva identidad del puente. Pero esa identidad no es una esencia fija: el puente adquirió tras el ataque un nuevo conjunto de relaciones. Se conectó con equipos de rescate, periodistas, políticos, grúas, sopletes, obreros, conductores que ahora debían hacer........
