Ley AmnistÃa: tres enseñanzas, por Rafael Uzcátegui
Ley AmnistÃa: tres enseñanzas, por Rafael Uzcátegui
La aprobación de la reciente Ley de AmnistÃa no puede analizarse únicamente por su texto final. Más importante que el articulado es el proceso polÃtico que la produjo.
En contextos autoritarios, las normas no surgen en el vacÃo: son resultado de correlaciones de fuerza, presiones sociales y cálculos de poder. Lo ocurrido en estas semanas deja al menos tres enseñanzas relevantes sobre cómo se construyó esta ley y qué revela sobre el momento polÃtico venezolano.
Primero fue la presión. Después vino la ley: fue la movilización y presión de los familiares, en un contexto tan adverso como el del año 2025, el que logró que la liberación de los presos polÃticos se convirtiera en un tema de amplio consenso nacional.
Primero fue la presión. Después vino la ley: fue la movilización y presión de los familiares, en un contexto tan adverso como el del año 2025, el que logró que la liberación de los presos polÃticos se convirtiera en un tema de amplio consenso nacional.
La alerta sobre sus condiciones de reclusión elevó el costo polÃtico de las detenciones arbitrarias, colocando su liberación en la lista de temas importantes en cualquier conversación o negociación con el Palacio de Miraflores.
Fue la denuncia, no el silencio, la que lo convirtió en un asunto de alta prioridad para cualquier proceso de estabilización para el paÃs. La excarcelación y liberación de presos polÃticos es una victoria de los familiares y de todos los que los acompañaron, siendo la ley una respuesta a la demanda ciudadana, no al revés.
A mal proceso, peor resultado: la primera discusión de la ley se hace un jueves, siendo divulgada la propuesta el dÃa después, con el anuncio que serÃa aprobada definitivamente el martes siguiente.
A mal proceso, peor resultado: la primera discusión de la ley se hace un jueves, siendo divulgada la propuesta el dÃa después, con el anuncio que serÃa aprobada definitivamente el martes siguiente.
De manera apresurada, una comisión designada por la Asamblea Nacional para tal efecto convoca a diferentes sectores para que den su opinión durante el sábado y el domingo, quienes atropelladamente hacen sus aportes y recomendaciones. Llega el martes y no se discute.
En eso otra comisión paralela, primero llamada de Paz y Convivencia y luego «Programa de Convivencia y Paz», convoca a los familiares a un censo de presos polÃticos en el Celarg de Caracas.
En tanto, el presidente de la Asamblea Nacional visita un centro de reclusión y anuncia que en una semana la ley estarÃa aprobada y los presos liberados. Ambas cosas no suceden, pero exacerban las expectativas de los familiares, quienes inician una huelga de hambre.
El jueves 12 se aprueban los primeros 6 artÃculos, quedando postergada una semana la discusión de los restantes por el asueto de Carnaval. Con modificaciones mÃnimas, se impone la «unanimidad», sin mayor deliberación, en el resto del articulado. Todo el proceso, en un tema tan sensible y complejo, dura 15 dÃas.
Lo inusitado de los tiempos no responde a un accidente administrativo sino a una estrategia deliberada: que la propuesta no pudiera ser contestada a partir de una deliberación de calidad y la articulación y participación de los actores con mensajes consensuados, que ameritan tiempo.
El resultado está a la vista: una ley con fallas de origen que empeoró en su segunda discusión, con la incorporación de un artÃculo final de contrabando, que extorsiona a los beneficiarios con una curiosa interpretación del principio de «no repetición» en materia de derechos humanos.
Los lÃmites de la Asamblea Nacional: la Ley de AmnistÃa se suma a otro precedente, la reforma express de la Ley de Hidrocarburos, que abordaba un debate histórico e inacabado en la intelectualidad venezolana: la participación del Estado en la industria petrolera.
Los lÃmites de la Asamblea Nacional: la Ley de AmnistÃa se suma a otro precedente, la reforma express de la Ley de Hidrocarburos, que abordaba un debate histórico e inacabado en la intelectualidad venezolana: la participación del Estado en la industria petrolera.
Luego de ese primer strike, se pensaba que un tema tan sensible como la liberación de presos polÃticos iba a obligar a los diputados no oficialistas a realizar oposición a la propuesta oficialista.
Salvo el escarceo por el artÃculo 7 (“ponerse a derechoâ€), que luego tuvo una modificación menor (puedes ponerte a derecho mediante un abogado que te represente), no hubo un real antagonismo en la discusión final de la propuesta, imponiéndose por una forzada “unanimidadâ€.
Las reformas express, la nula deliberación y la simulación de consulta y participación, tras lo visto, serán las constantes en futuras reformas legislativas, en un parlamento con capacidades limitadas y acotadas para ser un espacio de contención al autoritarismo y de transición a la democratización del paÃs.
*Lea también: AmnistÃa bajo sospecha, por Luis Ernesto Aparicio M.
Estas tres lecciones no son solo una evaluación del pasado inmediato, sino una advertencia hacia el futuro. En un parlamento con márgenes estrechos de deliberación y con prácticas cada vez más aceleradas y controladas, la calidad del proceso legislativo se convierte en un termómetro del estado de la transición.
La experiencia de la Ley de AmnistÃa demuestra que, incluso en escenarios adversos, la presión social puede producir resultados; pero también que sin deliberación real y garantÃas institucionales, las normas nacen frágiles y con riesgos incorporados.
El hecho de fuerza y la ciudadanÃa logró abrir puertas. Ahora el desafÃo es evitar que la forma en que se legisla termine cerrando otras.
Rafael Uzcátegui es sociólogo y codirector de Laboratorio de Paz. Actualmente vinculado a Gobierno y Análisis PolÃtico (Gapac) dentro de la lÃnea de investigación «Activismo versus cooperación autoritaria en espacios cÃvicos restringidos»
 TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artÃculo
Compartir en Facebook
