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El reto democrático de transformar el desencanto en progreso, por Michelle Muschett

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26.06.2026

El reto democrático de transformar el desencanto en progreso, por Michelle Muschett

América Latina y el Caribe es la región más democrática del mundo en desarrollo. Sus democracias –aunque interminadas– son hoy el sistema político predominante en la región; pero no siempre fue así.

Que más de cuatro de cada cinco personas vivan hoy en países cuyos gobiernos han sido electos democráticamente, más que un dato estadístico, representa un logro histórico resultado de un esfuerzo colectivo: movimientos sociales, acuerdos políticos, transiciones profundas y voluntad compartida de avanzar el desarrollo a través de la democracia y de resolver las diferencias políticas pacíficamente en el marco de reglas comunes.

Hoy, aun cuando la mayoría de la población expresa preferencia por la democracia como sistema político, menos de la mitad se declara satisfecha con su funcionamiento. He aquí una primera advertencia del Informe sobre Democracia y Desarrollo 2026 del PNUD: que las democracias perduren en América Latina y el Caribe, no garantiza su sostenibilidad. Esta depende también de su capacidad para responder de manera efectiva a las expectativas de la ciudadanía.

La distancia entre el voto y la vida cotidiana

Esa percepción expresa algo más profundo que un descontento coyuntural. Habla de un desencanto y una distancia creciente entre las instituciones y los ciudadanos, cuyas expectativas han evolucionado en parte como resultado de la propia expansión democrática y progreso en materia de desarrollo humano.

Existe una alta participación electoral, lo que demuestra una vocación democrática, pero millones de personas sienten que después de las elecciones, sus demandas no pesan en las decisiones públicas, mientras las desigualdades, la inseguridad y falta de servicios de calidad limitan sus oportunidades. La democracia no se valora solo por sus reglas, sino por su capacidad de mejorar la vida de las personas.

Existe una alta participación electoral, lo que demuestra una vocación democrática, pero millones de personas sienten que después de las elecciones, sus demandas no pesan en las decisiones públicas, mientras las desigualdades, la inseguridad y falta de servicios de calidad limitan sus oportunidades. La democracia no se valora solo por sus reglas, sino por su capacidad de mejorar la vida de las personas.

La oportunidad de generar un triángulo virtuoso: democracia, desarrollo humano y Estado

Por lo tanto, democracia, desarrollo humano y Estado no pueden pensarse por separado: la democracia abre el espacio para deliberar y tomar decisiones colectivas. El desarrollo humano permite que las personas amplíen sus........

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