menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

El laberinto de la tutela: Venezuela y el Plan Rubio, por Samuel J. Pérez Hermida

12 0
11.04.2026

El laberinto de la tutela: Venezuela y el Plan Rubio, por Samuel J. Pérez Hermida

Correo: [email protected]

La actual coyuntura política venezolana, luego de la intervención militar estadounidense del pasado 3 de enero, puede entenderse como el resultado de una suerte de mutación en desarrollo de la arquitectura del poder, de una manera que es tanto compleja como inédita.

Bajo la sombra del denominado «Plan Rubio», Venezuela se encuentra hoy sometida a una forma de tutela estadounidense que, entre otros objetivos, persigue reconfigurar paulatinamente el sistema político de la realidad nacional, de una manera que, hasta el momento, tiene al ciudadano común atrapado entre las contradicciones de un chavismo en pugna y una oposición fracturada y dividida entre el purismo y agónicos esfuerzos de supervivencia.

La configuración que presenta en este momento el «chavismo tutelado», parece dominada por el intento, lento pero sostenido, de construcción de una hegemonía, adelantado por los hermanos Rodríguez, lo cual representa, al mismo tiempo, uno de los elementos más complejos de la presente dinámica política venezolana. La consolidación del gobierno «encargado» transita, no sin dificultades, por el estrecho desfiladero de la tutela de Washington.

Alejándonos de la tentación fácil de considerar lo que está ocurriendo como una claudicación, podemos ver que las acciones dirigidas por los Rodríguez parecen estar orientadas por una paciencia estratégica que los obliga a ejecutar maniobras de supervivencia mientras ordenan purgas internas.

Los Rodríguez han instrumentalizado el reconocimiento y la presión estadounidense tanto para estabilizar su posición ante la comunidad internacional, como para consumar el desmantelamiento de otros sectores chavistas. El objetivo es, claramente, imponer como única su dirección política, combinando el pragmatismo económico con el control social, y tratando de dejar fuera de juego a los actores más radicales o históricos del movimiento bolivariano.

En la acera de enfrente, los partidos de la oposición se debaten entre el maximalismo político y la supervivencia. Mientras el poder fáctico se reacomoda, la oposición democrática atraviesa una profunda crisis de identidad. El bloque opositor se encuentra hoy fracturado por dos visiones irreconciliables.

Por un lado, la figura de María Corina Machado continúa tratando de ejercer un liderazgo basado en posiciones maximalistas y una narrativa de supremacismo moral. Sus seguidores, asumiendo posturas más parecidas a las de un culto religioso que a las de una militancia política moderna, dicen ver en ella la única reserva ética de la política venezolana.

Esta postura de «todo o nada» ha erigido unas murallas que dificultan cualquier articulación pragmática, convirtiendo la «pureza» en una barrera para la acción política sensata. En el otro extremo de la oposición, el resto de los partidos parecen haber extraviado la brújula.

Esta postura de «todo o nada» ha erigido unas murallas que dificultan cualquier articulación pragmática, convirtiendo la «pureza» en una barrera para la acción política sensata. En el otro extremo de la oposición, el resto de los partidos parecen haber extraviado la brújula.

En lugar de tratar de articular nuevamente una maquinaria electoral robusta, tratando de prepararse para la etapa final contemplada en el Plan Rubio, sus esfuerzos parecen concentrados en desplazar a Machado. La lucha por el control de la «franquicia opositora» ha consumido energías que deberían estar destinadas a la organización de base y a la puesta a punto de los mecanismos de vigilancia de unas eventuales elecciones.

Se espera que, en algún momento, aún indefinido, el Plan Rubio entre en su fase final, con una salida electoral como último peldaño. No obstante, la viabilidad de este desenlace depende de una estabilidad que, al día de hoy, aún se percibe como frágil y artificial.

Venezuela se enfrenta así a una terrible paradoja; mientras la cúpula que ostenta el poder bajo tutela acelera su proceso de consolidación, eliminando rivales dentro de su propio ecosistema, quienes deberían ofrecer una alternativa democrática se desangran en luchas intestinas.

*Lea tambiénÑ 20 años de Consejos Comunales: ¿emancipación o tutela?, por Rafael A. Sanabria M.

Al final del día, el riesgo no es solo la perpetuación de un sistema autoritario reformado, sino la consolidación de una estructura de poder donde la voz de la mayoría de los venezolanos sea el gran factor ausente en la definición del futuro nacional.

Samuel J. Pérez Hermida es sociólogo. Profesor UCV. Jefe (E) del Departamento de Análisis Histórico Social de la Escuela de Sociología.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

Compartir en Facebook


© Tal Cual