Las tareas hay que hacerlas en casa, por Fernando Mires
Las tareas hay que hacerlas en casa, por Fernando Mires
Dice desde el comienzo Carlo Masala, uno de los más destacados geoestrategas de la academia alemana, en su libro recientemente traducido al español con el tÃtulo Si Rusia Ganara (PenÃnsula 2026) que los llamados escenarios son en las ciencias sociales proyecciones del presente hacia el futuro y, por lo mismo, son hechos con materiales, datos y opiniones que vienen del presente el que, a su vez, está siempre cambiando. Por eso los escenarios casi nunca se dan –si es que se dan– como inicialmente fueron concebidos.
El malestar en la guerra
La historia, como todos sabemos, es una caja de Pandora, y las sorpresas distan de ser la excepción. No obstante, desde el punto de vista geopolÃtico, estamos obligados a construir escenarios. Aunque sea, dice Masala, para alertar sobre la posibilidad de que los más negativos se cumplan.
Un proceso histórico, a diferencia de las pelÃculas de Hollywood, no tiene por qué terminar bien. Hay episodios que incluso terminan muy mal. Recordemos por ejemplo los resultados de acciones emprendidas por los EEUU en el pasado reciente, entre ellas las invasiones a Irak y a Afganistán.
Irak, ayer próspera economÃa petrolera, fue convertido en un nido internacional de terroristas y en Afganistán los talibanes dominan el paÃs sin contrapeso, maltratando a las mujeres sin importarles la opinión pública mundial.
Por esos mismos motivos, la guerra cometida por Rusia a Ucrania puede terminar muy mal, no solo para los ucranianos sino también para los europeos, aduce Masala. Si es cierto, como ha propagado el mismo Putin, que la de Ucrania fue solo el comienzo de una guerra destinada a restaurar la grandeza del antiguo imperio estalinista, una derrota de Ucrania serÃa solo una derrota anticipada para toda Europa.
Por esos mismos motivos, la guerra cometida por Rusia a Ucrania puede terminar muy mal, no solo para los ucranianos sino también para los europeos, aduce Masala. Si es cierto, como ha propagado el mismo Putin, que la de Ucrania fue solo el comienzo de una guerra destinada a restaurar la grandeza del antiguo imperio estalinista, una derrota de Ucrania serÃa solo una derrota anticipada para toda Europa.
Lo que está en juego en Ucrania no es solo Ucrania, afirman los lÃderes democráticos europeos, mensaje que, sin embargo, no logra ser transmitido a las diferentes ciudadanÃas entre las que predomina el sentimiento de que la guerra en Ucrania es un fenómeno externo que nada tiene que ver con los intereses de las respectivas naciones.
Ese es también el mensaje que transmiten los partidos putinistas de la ultraderecha europea, con la excepción de Polonia, y en parte, Italia. A la vez, esa es también la opinión dominante en el gobierno norteamericano. Trump dirÃa, según Masala, lo mismo que dice hoy con respecto a Ucrania: «»Si Zelenski quiere seguir luchando, pues que lo haga. Pero que él asuma los gastos»».
Las guerras, efectivamente, no son rentables y, de una u otra manera, a pesar de que benefician algunas ramas de la economÃa, liquidan la productividad en muchas otras. Por eso mismo las guerras no sirven para ganar elecciones.
Puede ser que al comienzo aparezcan manifestaciones nacionalistas o altruistas, pero si la guerra tiende a extenderse a lo largo de años, el apoyo popular comenzará a estancarse en muchas naciones. De este modo, y eso es lo que ha advertido Putin, aparecerá el momento en el que una ciudadanÃa como la europea comience a experimentar sÃntomas de fatiga hasta alcanzar el punto en el que la mayorÃa de la población llegará al convencimiento de que tal vez serÃa mejor ceder a las ambiciones de Putin, entregar a Ucrania a su perra suerte, y regresar al estado de bienestar que predominaba antes de la guerra.
Ese malestar social lo pueden soportar bien las dictaduras. En las democracias, en cambio, ese mismo malestar se transforma en votos. Y es evidente: ningún polÃtico, europeo o no, quiere perder votos. Digamos crudamente algo que entendió Carl Schmitt: las democracias, sobre todo la parlamentarias, no son aptas para la guerra.
Por eso nunca ha habido guerras entre democracias. Por eso también, una gran potencia militar como son los EEUU, ha perdido dos guerras: la de Vietnam y la de Afganistán. Las dictaduras, en cambio, al haber declarado de hecho la guerra interna a sus pueblos, son más aptas para la guerra que las democracias.
Por eso nunca ha habido guerras entre democracias. Por eso también, una gran potencia militar como son los EEUU, ha perdido dos guerras: la de Vietnam y la de Afganistán. Las dictaduras, en cambio, al haber declarado de hecho la guerra interna a sus pueblos, son más aptas para la guerra que las democracias.
Asà imagina Masala el fin de la guerra: Ucrania cede más del 20% de su territorialidad a Rusia. Además, le son cerradas las posibilidades de ingresar a la Otan, a la vez que los estados bálticos, más Moldavia y Georgia, siguen en las miras de Putin.
Lentamente los gobiernos europeos, comenzando por la Italia de Meloni y una Francia ya lepenista, deciden recomponer sus alianzas económicas con Rusia al mismo tiempo que los EEUU concentran casi todas sus fuerzas en la zona indo-pacÃfica, reduciendo drásticamente su personal militar en Europa. Incluso Putin se da el lujo de renunciar poniendo en su lugar a un polÃtico de su lÃnea, pero mucho más joven, quien hace alentar esperanzas en los gobiernos europeos de que ha aparecido un gobierno liberal, quizás un nuevo Gorbachov.
Ucrania ha sido convertida en una ruina. Cierto, quedan todavÃa algunos grupos guerrilleros en las zonas ocupadas por Rusia, hecho que aprovechará el estado ruso para incrementar la represión y al mismo tiempo «»rusificar»» grandes zonas del paÃs. Zelenski juega entonces su última carta y llama a elecciones; las pierde.
Europa ya no recibirá más dinero de EEUU para gastos de defensa y todavÃa está lejos de cumplir con los planes de defensa acordados en la UE, situación que alienta al gobierno de Rusia a planear una nueva ofensiva. Siguiendo ese propósito, el gobierno ruso elabora un test cuidadosamente preparado para observar las reacciones europeas.
La necesaria ficción
En la historia-ficción de Masala, la situación geopolÃtica es favorable al nuevo gobierno putinista. Rusia se ha convertido económicamente en la gasolinera barata de China (del mismo modo como Venezuela es la gasolinera barata de los EEUU) pero sigue conservando el rango de tercera potencia militar del mundo.
Bajo estas condiciones, el test a que someterá Rusia a Europa – de acuerdo a las fundadas fantasÃas de Masala- será apropiarse de una ciudad (Nerva) y de una isla de Estonia (Hiiumaa), con muy pocos habitantes y exiguas riquezas naturales. Las reacciones comienzan a sucederse de acuerdo al plan de Rusia.
La acción de Rusia en contra de Estonia, un gobierno miembro de la Otan, provocará una condena enérgica de todos los gobiernos europeos, incluyendo los gobernados por la derecha putinista. Pero pronto comenzarán a aparecer algunos disensos.
La acción de Rusia en contra de Estonia, un gobierno miembro de la Otan, provocará una condena enérgica de todos los gobiernos europeos, incluyendo los gobernados por la derecha putinista. Pero pronto comenzarán a aparecer algunos disensos.
El gobierno italiano, por ejemplo, emite una declaración de «»solidaridad con Estonia»», pero agrega: hay que proceder «»con prudencia»». El gobierno húngaro estima que hay que «»evitar a toda costa un conflicto mundial»». Desde EEUU Trump declara que «»no podemos declarar una guerra mundial por una isla y una ciudad sin importancia económica ni militar»».
El gobierno ruso afirma por su parte que no es su intención provocar a la Otan, pero hay que tener en cuenta que los estados bálticos pertenecen históricamente a Rusia. En la UE los gobiernos de Polonia y de Alemania se declaran dispuestos a defender a Estonia.
El canciller alemán declara: «»Si la Otan no responde, Rusia habrá ganado. Espero que todos sean conscientes de ello»». Frente a esa actitud el gobierno lepenista de Francia da las espaldas a Alemania poniendo fin a una colaboración de decenios, produciendo asà una ruptura a nivel continental.
La UE, después de la deserción de Francia, entra en un periodo de crisis existencial. Otra vez, desde EEUU, el gobierno declara que la apropiación de territorios de Estonia por parte de Rusia es inaceptable, pero a la vez hay que tener en cuenta que el gobierno de Estonia nunca reconoció los derechos de la población filo-rusa.
En pocas palabras, dice Masala, después de su muy bien descrita ficción histórica, Occidente ha sido (otra vez) derrotado. La derrota de Occidente, todo lo simbólica que se quiera, dejará el camino abierto a China para apoyar esta vez abiertamente a Rusia, consolidar el Sur Global junto con Rusia, India, Corea del Norte e Irán, y asà avanzar de acuerdo a una concepción pro-china del nuevo orden mundial.
Sin necesidad de que Rusia hubiera nombrado el tema nuclear, observa Masala que la ciudadanÃa de Europa tiene un miedo horrible a un estallido atómico, aunque todo indica que este no va a tener lugar. Ese miedo es utilizado por las ultraderechas y también por las ultras izquierdas putinistas para continuar avanzando electoralmente al interior de cada paÃs europeo.
La derrota militar de Occidente se va convirtiendo poco a poco en una capitulación polÃtica frente al eje China-Rusia. Para Rusia, la ocupación de dos insignificantes lugares de Estonia ha sido el test que necesitaba para continuar su polÃtica de expansión y anexiones territoriales en las que considera sus propiedades «»naturales»» en Europa. El Kremlin ya sabe que Europa no está en condiciones de actuar de un modo rápido y ordenado, entre otras cosas, porque esa Europa carece de una estrategia conjunta frente a Rusia y China.
Por cierto, los EEUU no abandonarán totalmente a la Otan, pero su permanencia en la gran organización solo estará condicionada a una amenaza directa a los EEUU. En el intertanto, Europa debe aprender a defenderse a sà misma.
Por cierto, los EEUU no abandonarán totalmente a la Otan, pero su permanencia en la gran organización solo estará condicionada a una amenaza directa a los EEUU. En el intertanto, Europa debe aprender a defenderse a sà misma.
Recursos económicos y militares, observa el gobierno norteamericano, no les faltan. Lo que sà les falta en cantidad son recursos polÃticos; eso no lo dicen los personeros norteamericanos. Los EEUU no son conscientes de que, para ganar las guerras en el frente externo, hay que consolidar el frente interno, lugar en donde el mismo Trump, si se consideran algunas tendencias, podrÃa experimentar decisivas derrotas en su propio paÃs.
En cualquier caso, a diferencia de los EEUU, para Europa serÃa una tarea muy difÃcil mantener el actual nivel de vida y aumentar los gastos militares a la vez. Una hazaña casi imposible de lograr.
PodrÃamos decir, y eso es lo que trata de comunicar Masala, que el avance de Rusia esta cuestionando el estado de bienestar europeo al que se intenta mantener pagando el precio por una paz que puede llegar a ser solo la antesala de una guerra por el momento inimaginable. O dicho en breve: una guerra que puede reducir a Europa a su pura existencia geográfica. Ese, opina el pensador alemán, es el objetivo de Putin.
Rusia vencerá en Ucrania y más allá de Ucrania, no por su propia fuerza sino gracias a las debilidades no militares pero sà polÃticas de Europa. La deducción que se desprende de esta realidad es que en los paÃses de Europa deben ser resistidas las fuerzas disgregadoras que habitan la polÃtica interna, construyendo frentes o dique democráticos de contención en contra de ultraderechas y ultraizquierdas, objetivamente pro-putinistas.
De hecho algunas naciones ya lo han logrado, entre otras Holanda, la República Checa, Eslovenia, Polonia y, en cierto modo, Alemania. Las sociedades democráticas de Europa, es la triste conclusión de Masala, no están preparadas ni condicionadas para la guerra si esta no es dirigida directamente en contra de sus propias naciones.
Justamente en este punto han fallado los polÃticos democráticos de Europa, agrega Masala. No han sabido o podido transmitir a sus ciudadanÃas que un triunfo de Rusia sobre Europa significarÃa el fin del estado de bienestar y de la prosperidad del continente.
Justamente en este punto han fallado los polÃticos democráticos de Europa, agrega Masala. No han sabido o podido transmitir a sus ciudadanÃas que un triunfo de Rusia sobre Europa significarÃa el fin del estado de bienestar y de la prosperidad del continente.
Si cada nación queda librada a su suerte, la misma idea de una Europa Unida desaparecerá, y asÃ, los partidos extremistas seguirán ganando la guerra interna en sus respectivos paÃses. En otras palabras, los polÃticos europeos no han logrado explicar a sus naciones que toda guerra externa está destinada a ser perdida si es que no logran ganar una guerra interna.
Hay, en efecto, una intensa relación entre esos dos tipos o formas de guerra. Pero las primeras tareas deben hacerse en casa y no en la polÃtica exterior.
*Lea también: El narciso ignorante y brutal, por Fernando RodrÃguez
Lo interno y lo externo en la polÃtica internacional
Hay, en efecto, una relación muy estrecha entre polÃtica interna y externa. La segunda suele ser reflejo de la primera y no al revés. Si en próximas elecciones pierden Orbán en HungrÃa, o Fico en Eslovaquia, no será por su adhesión a Rusia sino por la corrupción interna que caracteriza a ambos gobiernos.
De la misma manera, si Macron y los demócratas franceses terminan cediendo el poder a los lepenistas, no será por las polÃticas a favor de Putin de sus lÃderes, sino por las enormes debilidades económicas, acrecentadas durante el gobierno de Macron.
Lo externo en la polÃtica no es una prolongación de lo interno, aunque lo interno sà opera como condición de lo externo. Sin un frente polÃtico internamente consolidado no es posible ganar ninguna guerra.
Ahora bien, hay dos modos de consolidar al frente interno: uno, excluyendo la polÃtica a nivel interno y es lo que hacen Putin, Xi, y otras autocracias de la tierra. El otro medio es lograr una hegemonÃa democrática al interior de cada nación.
Esa hegemonÃa la tiene hoy Merz en Alemania pero no la tiene Macron en Francia. Esa es la razón por la cual el liderazgo polÃtico y militar europeo lo está ocupando Alemania, cuyo canciller mantiene por el momento un lugar hegemónico dentro del paÃs, y no Macron cuyas buenas ideas no pasan de ser las de un presidente «»saliente»» en un paÃs cuyo gobierno está a punto de ser ocupado por fuerzas polÃticas extremistas.
Lo importante –y con ese factor no habÃa contado todavÃa Masala en los dÃas en que escribió su libro– es que Alemania bajo Merz está aceptando ese rol hegemónico en un momento de transición en Francia y de incertidumbre electoral en Inglaterra y -a diferencias del anterior gobierno, el de Scholz – lo está haciendo bien.
HegemonÃa en la polÃtica internacional
Cabe al llegar a este punto preguntarse sobre el concepto de «»lugar hegemónico»».
En polÃtica, la hegemonÃa (o si se prefiere, la conducción o liderazgo) es alcanzada por una mayorÃa sólida o por una flexibilidad polÃtica que permita a un lÃder formar grandes coaliciones. La combinación de gobierno en Alemania es todavÃa mayorÃa, pero a su vez suma la flexibilidad para incorporar al bloque de gobierno a otros partidos polÃticos si se diera el caso de que Alternativa para Alemania (AfD) alcanzara alguna vez la mayorÃa nacional.
Como dijo Willy Brandt: «»en una democracia, todos los partidos deben ser coalicionables entre sû». Hoy tal vez dirÃa, «»una democracia es viable si todos los partidos democráticos son coalicionables entre sà cuando aparece un poderoso partido antidemocrático»».
Si se hubiera dado esas condición en los años treinta del pasado siglo, nunca los nazis habrÃan llegado al poder. Alemania es uno de los pocos paÃses que ha aprendido de su historia. No ocurre lo mismo en otros paÃses de Europa. Pongamos, por ejemplo, el caso de España.
Si se hubiera dado esas condición en los años treinta del pasado siglo, nunca los nazis habrÃan llegado al poder. Alemania es uno de los pocos paÃses que ha aprendido de su historia. No ocurre lo mismo en otros paÃses de Europa. Pongamos, por ejemplo, el caso de España.
En España hay dos grandes partidos democráticos, el PSOE y el PP, ambos constitucionales y constitucionalistas pero no coalicionables entre sÃ. Años de recÃprocos insultos han convertido a la polÃtica española -perdonen mi latÃn- en un mierdal.
España debe ser el único paÃs de Europa en donde la enemistad polÃtica es confundida con la enemistad personal. Gracias a esa inflexibilidad, los dos grandes partidos constitucionales prefieren coaligar con lo extremos que con el centro (Podemos en un caso, Vox en el otro) situación realmente irrisoria que no se da en otras naciones europeas.
Por eso España, pese a su buen desarrollo económico, no está en condiciones polÃticas para ocupar un lugar hegemónico en Europa. Una verdadera lástima.
La nueva hegemonÃa alemana
Gracias al papel hegemónico ocupado por Alemania, las palabras inaugurales de Merz fueron escuchadas en la reciente Conferencia de Múnich con tanta o más atención que las retóricas alocuciones de Marco Rubio. Por de pronto, Merz comenzó diciendo la verdad: «»El viejo orden mundial ya no existe»».
La brutal guerra de Rusia a Ucrania, las pretensiones de China por moldear el mundo y las reacciones norteamericanas, han destruido las relaciones internacionales basadas en reglas. Pero eso, agregó el canciller, no debe ser aceptado por Europa.
«»No estamos a merced de este mundo. Podemos darle forma. Y lo podemos hacer mediante una Europa libre, segura y competitiva. Una Europa soberana es nuestra mejor respuesta a los nuevos tiempos. Unir y fortalecer Europa es hoy nuestra tarea más importante»».
Unir y fortalecer a Europa significa, es obvio, unir y fortalecer a cada uno de sus paÃses. Efectivamente: Alemania, aún pagando el precio de un mayor endeudamiento externo, ha aumentado de modo impresionante su presupuesto de defensa, alcanzando la cifra de 108.000 millones de euros. La cifra más alta desde la Guerra FrÃa.
Unir y fortalecer a Europa significa, es obvio, unir y fortalecer a cada uno de sus paÃses. Efectivamente: Alemania, aún pagando el precio de un mayor endeudamiento externo, ha aumentado de modo impresionante su presupuesto de defensa, alcanzando la cifra de 108.000 millones de euros. La cifra más alta desde la Guerra FrÃa.
De acuerdo con las palabras del ministro alemán de defensa Boris Pictorius: «»hemos hecho nuestros deberes»». El objetivo histórico trazado por Merz es que Europa siga el ejemplo alemán hasta que llegue el momento de hablar de igual a igual con Rusia y con los EEUU.
Eso significa que Europa debe estar en condiciones de redactar su propia estrategia de seguridad interior la que, por supuesto, no debe ser coincidente con la de EEUU ni mucho menos con las de China y Rusia. Merz ha comenzado a hacerlo.
Directamente aclaró a los representantes del gobierno norteamericano: «»En tiempos de rivalidad entre grandes potencias, ni siquiera EEUU será lo suficientemente poderoso como para hacerlo todo por sà solo»» ……»»Por eso es necesario reparar y revitalizar la confianza transatlántica. Alemania está contribuyendo a ello»».
Europa, en otras palabras, busca independizarse de los EEUU; y esa es la condición para una mejor unidad con los EEUU cuando se trata de enfrentar a enemigos que son comunes. Por razones diplomáticas Merz no dijo lo que muchos entre lÃneas entendieron: Que para tener una polÃtica en común tenemos que tener enemigos comunes y EEUU no está contribuyendo a esa alianza al ser complaciente con la Rusia de Putin en desmedro de los intereses geoestratégicos de Europa.
Pues bien, esas palabras dichas y no dichas solo las puede emitir un jefe de estado que se siente protegido por la hegemonÃa ejercida en su propia nación. Asà no extraña que en el Congreso de la Democracia Cristiana alemana, una semana después de la Conferencia de Múnich, Merz fue consolidado como Presidente del partido con una abrumadora mayorÃa (más del 90%), contando incluso con la solidaria presencia de su ex adversaria Angela Merkel. Los tiempos están cambiando.
Si los tiempos están cambiando hasta el punto de anular la distopÃa que nos dibuja Masala, no lo sabemos todavÃa. Lo que sà sabemos es que la transformación polÃtica militar de Europa no es la que más conviene a la dictadura de Rusia. Y eso es bueno para Europa.
Si los tiempos están cambiando hasta el punto de anular la distopÃa que nos dibuja Masala, no lo sabemos todavÃa. Lo que sà sabemos es que la transformación polÃtica militar de Europa no es la que más conviene a la dictadura de Rusia. Y eso es bueno para Europa.
Solo Europa puede derrotar a Rusia. Eso es lo que intentó decirnos Carlo Masala al trazar intencionalmente los rasgos del peor de los escenarios posibles. Si eso no ocurre, es la deducción final, Rusia derrotará a Europa y con ello al principal baluarte de la democracia occidental. Para que eso no ocurra, las democracias europeas deben hacer bien sus tareas, empezando con las que tienen lugar en sus propias casas.
Fernando Mires es (Prof. Dr.), Historiador y Cientista PolÃtico, Escritor, con incursiones en literatura, filosofÃa y fútbol. Fundador de la revista POLIS.Â
TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artÃculo
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