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El búho, por Aglaya Kinzbruner

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24.02.2026

El búho, por Aglaya Kinzbruner

La semana pasada, como a mediados, entró a la Universidad Simón Bolívar un búho. Él había visto uno, en Sartenejas, a la entrada del rectorado y trató de entablar conversación, así a su manera, ululando, pero el otro, frío como la piedra, ni volteó.

Él no se ofendió, era demasiado sabio para eso, sino que aleteando empezó a pasear por ahí y se metió en un auditorio y viendo que unos estudiantes, pocos para ser sinceros, le querían sacar una foto, alzó vuelo y se colocó desafiante encima de una pizarra verde. ¡Así que sacaran las fotos que querían!

Él se daba su puesto. No era como el otro, el de ónix que de tanto que lo sobaban para que les diera suerte, le brillaba la nariz como borracho. Él había venido para un cometido y lo iba a cumplir, avisar que venían grandes cambios en el país.

Sabía perfectamente que no todos los humanos son iguales. Algunos saben interpretar las señales y otros no. Tampoco sabía la mayoría que aunque no pudiese hablar, él conocía varios idiomas y le encantaba leer.

Algunas frases se le quedaban en la memoria como impronta mágica. Como aquella al final de El reino de este mundo de Alejo Carpentier de algo que expresa el protagonista, Ti Noel, cuando se siente viejo de siglos incontables. Un cansancio cósmico, de planeta cargado de piedras…

El búho había leído mucho y por eso era capaz de interpretar las señales de lo que estaba por suceder. Si uno no lee la historia del pasado, no tiene pistas para desentrañar los datos que nos aporta el presente para adivinar el futuro. El presente por sí solo poco significa.

El búho había leído mucho y por eso era capaz de interpretar las señales de lo que estaba por suceder. Si uno no lee la historia del pasado, no tiene pistas para desentrañar los datos que nos aporta el presente para adivinar el futuro. El presente por sí solo poco significa.

De Haití, nombre que viene de Ayití, del idioma taino que antes era hablado en esa zona, enantes como decían los ancianos en Venezuela, enantes que fuese colonizado por los franceses, viene la leyenda.

Entonces el búho pareció recordar una visita a Venezuela de un actor y productor negro, Danny Glover, a quien se le dio una buena cantidad de dinero, unos 18 millones de dólares, algunos dicen que 28, para que hiciese una película sobre Toussaint Louverture.

La película nunca se hizo pero Danny Glover en una época tan reciente como el 12 de febrero de 2026 dijo que su entusiasmo para producir esa película nunca disminuyó. Él es dueño de Louverture Films y ha producido varias películas de las cuales la mejor y que hasta fue presentada en el Festival de Cannes donde obtuvo críticas positivas, es Bamako.

Y aquí el búho volvió a pensar –porque el pensamiento es cíclico– en Haití y su destino. Como el primer país en abolir la esclavitud y el primero en independizarse sea hoy en día el más pobre del continente americano.

Varias fueron las razones pero la más importante quizás fue el haber heredado una estructura muy cruel en la cual el que manda lo hace con total despotismo hacia el ciudadano común. Baste recordar cuanto pidió Toussaint Louverture que no se utilizara el látigo contra los esclavos y se les diese por lo menos un día de descanso la semana.

*Lea también: Tres febreros, por Gustavo J. Villasmil Prieto

Y la respuesta fue un «no» tan rotundo como e l pensamiento cíclico. Sin embargo, un tiempo más tarde, Louverture logró alinearse con la política del capitán Etienne Lavaux y entonces consiguió la eliminación del látigo y condiciones más humanas de trabajo.

Pero ahora todo va a cambiar, siguió pensando el búho. Hoy en día o en un futuro muy cercano el congreso estaría auditando ese dinero gastado, la película se haría en Venezuela donde habría más condiciones de seguridad que en Haití, también más seriedad en las gestiones, las personas cumplirían sus sueños que para eso vine a la Universidad Simón Bolívar, ¡para decir que viene el cambio y la vida será mucho mejor!

Aglaya Kinzbruner es narradora y cronista venezolana.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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