El búho, por Aglaya Kinzbruner
El búho, por Aglaya Kinzbruner
La semana pasada, como a mediados, entró a la Universidad Simón BolÃvar un búho. Él habÃa visto uno, en Sartenejas, a la entrada del rectorado y trató de entablar conversación, asà a su manera, ululando, pero el otro, frÃo como la piedra, ni volteó.
Él no se ofendió, era demasiado sabio para eso, sino que aleteando empezó a pasear por ahà y se metió en un auditorio y viendo que unos estudiantes, pocos para ser sinceros, le querÃan sacar una foto, alzó vuelo y se colocó desafiante encima de una pizarra verde. ¡Asà que sacaran las fotos que querÃan!
Él se daba su puesto. No era como el otro, el de ónix que de tanto que lo sobaban para que les diera suerte, le brillaba la nariz como borracho. Él habÃa venido para un cometido y lo iba a cumplir, avisar que venÃan grandes cambios en el paÃs.
SabÃa perfectamente que no todos los humanos son iguales. Algunos saben interpretar las señales y otros no. Tampoco sabÃa la mayorÃa que aunque no pudiese hablar, él conocÃa varios idiomas y le encantaba leer.
Algunas frases se le quedaban en la memoria como impronta mágica. Como aquella al final de El reino de este mundo de Alejo Carpentier de algo que expresa el protagonista, Ti Noel, cuando se siente viejo de siglos incontables. Un cansancio cósmico, de planeta cargado de piedras…
El búho habÃa leÃdo mucho y por eso era capaz de interpretar las señales de lo que estaba por suceder. Si uno no lee la historia del pasado, no tiene pistas para desentrañar los datos que nos aporta el presente para adivinar el futuro. El presente por sà solo poco significa.
El búho habÃa leÃdo mucho y por eso era capaz de interpretar las señales de lo que estaba por suceder. Si uno no lee la historia del pasado, no tiene pistas para desentrañar los datos que nos aporta el presente para adivinar el futuro. El presente por sà solo poco significa.
De HaitÃ, nombre que viene de AyitÃ, del idioma taino que antes era hablado en esa zona, enantes como decÃan los ancianos en Venezuela, enantes que fuese colonizado por los franceses, viene la leyenda.
Entonces el búho pareció recordar una visita a Venezuela de un actor y productor negro, Danny Glover, a quien se le dio una buena cantidad de dinero, unos 18 millones de dólares, algunos dicen que 28, para que hiciese una pelÃcula sobre Toussaint Louverture.
La pelÃcula nunca se hizo pero Danny Glover en una época tan reciente como el 12 de febrero de 2026 dijo que su entusiasmo para producir esa pelÃcula nunca disminuyó. Él es dueño de Louverture Films y ha producido varias pelÃculas de las cuales la mejor y que hasta fue presentada en el Festival de Cannes donde obtuvo crÃticas positivas, es Bamako.
Y aquà el búho volvió a pensar –porque el pensamiento es cÃclico– en Haità y su destino. Como el primer paÃs en abolir la esclavitud y el primero en independizarse sea hoy en dÃa el más pobre del continente americano.
Varias fueron las razones pero la más importante quizás fue el haber heredado una estructura muy cruel en la cual el que manda lo hace con total despotismo hacia el ciudadano común. Baste recordar cuanto pidió Toussaint Louverture que no se utilizara el látigo contra los esclavos y se les diese por lo menos un dÃa de descanso la semana.
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Y la respuesta fue un «no» tan rotundo como e l pensamiento cÃclico. Sin embargo, un tiempo más tarde, Louverture logró alinearse con la polÃtica del capitán Etienne Lavaux y entonces consiguió la eliminación del látigo y condiciones más humanas de trabajo.
Pero ahora todo va a cambiar, siguió pensando el búho. Hoy en dÃa o en un futuro muy cercano el congreso estarÃa auditando ese dinero gastado, la pelÃcula se harÃa en Venezuela donde habrÃa más condiciones de seguridad que en HaitÃ, también más seriedad en las gestiones, las personas cumplirÃan sus sueños que para eso vine a la Universidad Simón BolÃvar, ¡para decir que viene el cambio y la vida será mucho mejor!
Aglaya Kinzbruner es narradora y cronista venezolana.
TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artÃculo
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