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En tiempos de VAR

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24.02.2026

Los árbitros siguen en el punto de mira pese a la ayuda del VAR y la sala VOR / Juanjo Martín / EFE

Todo empieza con un amigo. Futbolero. Tecnólogo. Un día dice: basta. Escribe sobre el surrealismo del VAR. Me hace pensar. La tecnología nunca es la pregunta. Siempre aparece en la respuesta. Sin ciencia, sin innovación, el mundo no avanza. El debate no está en la herramienta, sino en su uso.

El fútbol con VAR es, objetivamente, más justo. Ha corregido fueras de juego milimétricos, penaltis invisibles, agresiones que escapaban al árbitro. Ha reducido el error grosero. Ayuda, menos de lo que debería al trencilla. Y, por tanto, vive instalado en la sospecha. No maten al instrumento. En muy poco tiempo ha aportado más equidad que décadas de polémicas infinitas.

Ser árbitro es muy difícil. Veintidós jugadores tratando de engañarte. Miles de personas gritándote a centímetros. Décimas de segundo para decidir. Ha cambiado el ecosistema. El árbitro vive pendiente del auricular....y el juez de línea ha pasado de protagonista trágico a actor secundario. Ya no levanta la bandera. Espera. Deja seguir. Para después parar. El gol se celebra con un ojo en la pantalla. El goleador duda antes de abrazarse. El linier deja de actuar en primera persona. Lo hace cuando le avisan. Siempre tarde. Deja jugar cuando no debería. El fútbol, que era instinto y explosión, se ha convertido por momentos en una espera burocrática.

Y, aun así, lo peor no sucede en el césped. Sucede en la sala VOR. Con monitores, repeticiones, ángulos, zoom. Con varios monitores. Secuencias vistas con nitidez. Con numerosas tomas. Como la antigua moviola. Sin las pulsaciones a doscientas. Cómodos en un sillón. Sin presión física. Y aun así, jornada tras jornada, asistimos a decisiones difíciles de explicar. Sin intervenir cuando debería. O haciéndolo mal. Criterios que cambian en cuestión de días. Surrealista. Increíble. Indómito. Se siguen tomando decisiones burdas. Con criterios zafios. Lo incomprensible no es el error humano; es la falta de coherencia.

Un pisotón es falta aquí y no lo es allá. Una mano es punible el sábado y el domingo no. Una simulación que a cámara lenta es obscena, se pasa por alto. El problema no es la tecnología: es el criterio. O la falta de él. Y el criterio necesita formación, especialización y responsabilidad. Si hay que crear un cuerpo específico de árbitros de VAR, que se cree. Si los antiguos colegiados no se adaptan al lenguaje audiovisual, habrá que buscar perfiles distintos. Hoy el VAR. o los que le gestionan, dañan al fútbol. Aunque no decidan ligas.

El fútbol es mejor con VAR. Más limpio. Más preciso. Pero no puede parecer lo contrario por una gestión deficiente. La herramienta exige excelencia. Porque cuando la tecnología promete justicia absoluta, el error duele el doble.

Y ya que estamos, aprovechemos de verdad la sala VOR. Controlen con rigor el tiempo efectivo. Persigan las pérdidas de tiempo con la misma precisión con la que trazan líneas milimétricas. Hoy, lo más anticuado del fútbol no es el fuera de juego: es el reloj detenido mientras el espectáculo se diluye. El desafio no es tecnológico, es humano, Albert.

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