El obstáculo es el camino: lo que la resurrección de GE nos enseña sobre Intel
Memento mori en Wall Street
Junio de 2018. En una decisión que tomó apenas unas líneas de comunicado, la empresa fundada por Thomas Edison —la más valiosa del planeta hasta hacía poco, 600.000 millones de dólares en su apogeo— fue expulsada del índice Dow Jones después de 110 años ininterrumpidos.
Los estoicos tenían un ejercicio para esto. Lo llamaban memento mori: recuerda que vas a morir. Los generales romanos que desfilaban en triunfo llevaban un esclavo detrás, susurrándoles al oído que toda gloria es pasajera. General Electric (GE) no tuvo ese esclavo. Tuvo a Jack Welch, la portada de todas las revistas de management y una cultura convencida de su propia inmortalidad.
Seis años después, en 2024, otra empresa legendaria recibió su propio susurro: Intel —el inventor del microprocesador, la compañía cuyo nombre estuvo pegado durante tres décadas a cada computador del mundo— reportó una pérdida anual de 19.000 millones de dólares, la primera desde 1986. 50.000 millones de deuda. Un CEO despedido en diciembre. Una acción que tocó los 19,60 dólares: el precio de un funeral, no de un futuro.
18 meses después, esa misma acción superó los 140 dólares —casi un 490 % desde el fondo—, con el Gobierno de Estados Unidos como su tercer mayor accionista, Nvidia y SoftBank en su capital, su proceso 18A fabricando en volumen en Arizona y un apretón de manos con Elon Musk para construir la fábrica de chips más ambiciosa jamás concebida.
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Una tragedia, dos países
De zombi a rockstar en cinco trimestres. Pero esta no es una historia de suerte. Es una historia sobre cómo el obstáculo —la humillación pública, el colapso, el funeral anticipado— resultó ser el camino. Y ya la habíamos visto antes, protagonizada por GE.
El ego es el enemigo (o cómo mueren los imperios)
Antes de la resurrección viene siempre la misma enfermedad y no aparece en los estados financieros: la negación.
En GE, la ingeniería financiera de GE Capital maquilló durante una década la decadencia del núcleo industrial. En Intel, la enfermedad fue cultural: una burocracia que premiaba a los gerentes por reportar buenas noticias mientras TSMC se quedaba en silencio con la corona de la fabricación y la ola de la inteligencia artificial rompía en otra playa. Una organización que olvida más rápido de lo que aprende, con un gráfico bursátil que todavía parece respetable.
Esa es la fase que mata. No el colapso —el colapso es tarde—, sino los 10 años anteriores en los que todos adentro sabían y nadie quiso decirlo.
Todo renacimiento industrial recorre después el mismo guion de seis fases: gloria, negación, colapso simbólico, el outsider, la cirugía y el renacimiento. GE lo recorrió en 25 años. Intel lo está comprimiendo en cinco. La diferencia entre ambos no está en el guion. Está en la época en que se filma la película.
La humildad como estrategia
Aquí es donde la historia se vuelve un tratado de carácter, que es donde siempre terminan las buenas historias de inversión.
En octubre de 2018, GE hizo algo impensable: contrató por primera vez en 126 años a un CEO de afuera. Larry Culp........
