Mucho ruido y pocas nueces… en Groenlandia
Tras meses de amenazas, Estados Unidos parece haber abandonado —por ahora— la idea de incorporar Groenlandia a su territorio. En su lugar, Washington, Copenhague y Nuuk han anunciado un acuerdo que permitiría ampliar la presencia militar estadounidense en la isla.
Conviene no adelantarse demasiado: el acuerdo todavía no se ha firmado, requiere aprobación parlamentaria y su texto completo no se ha publicado. Dinamarca y el Gobierno de Groenlandia aseguran que preservará la soberanía danesa y el derecho de los groenlandeses a decidir su futuro. Trump, con su modestia habitual, afirma que concede a Estados Unidos el control permanente sobre la seguridad de la isla.
Según la información disponible, el acuerdo impediría que potencias ajenas a la OTAN —particularmente Rusia y China— establezcan bases militares en Groenlandia. También crearía mecanismos para bloquear determinadas inversiones en sectores considerados estratégicos.
Entonces, ¿a qué se debe tanto alboroto?
Al parecer, Groenlandia se ha salvado.
¿De qué, exactamente? ¿De Rusia? ¿De China? ¿De una invasión marciana?
Cuando el texto se publique y el acuerdo sea firmado, todos podremos admirar con mayor precisión la magnitud del logro histórico.
Sin embargo, existe un pequeño problema con esta magnífica victoria diplomática: nadie estaba a punto de instalar una base rusa o china en Groenlandia.
Dinamarca es miembro de la OTAN. Y los países de la OTAN no suelen entregar partes de su territorio a Rusia o China para que establezcan instalaciones militares. Es uno de esos pequeños detalles que vienen incluidos con la........
