La era de la sospecha
Hubo un tiempo en que la confianza constituía el punto de partida de la convivencia. La paabra empeñada tenía valor; la autoridad moral de los padres difícilmente era cuestionada; los maestros enseñaban con prestigio; los jueces inspiraban respeto; las instituciones gozaban de credibilidad; los medios de comunicación eran, para bien o para mal, referentes de información; la ciencia ofrecía certezas; y la duda aparecía como una saludable excepción que impulsaba a investigar, contrastar y comprender mejor la realidad.
Hoy pareciera ocurrir exactamente lo contrario. La sospecha se ha convertido en el punto de partida de casi todas nuestras relaciones. Desconfiamos de los gobiernos, de los partidos políticos, de los congresos, de los jueces, de los organismos internacionales, de los medios de comunicación, de las estadísticas oficiales, de las encuestas, de las redes sociales, de las plataformas digitales, de las universidades, de las iglesias y, con creciente frecuencia, incluso de aquello que observamos con nuestros propios ojos. La inteligencia artificial ya es capaz de producir imágenes, voces y videos prácticamente indistinguibles de la realidad, mientras los algoritmos amplifican rumores con una velocidad muy superior a la de cualquier desmentido. Nunca habíamos tenido acceso a tanta información. Paradójicamente, nunca había resultado tan difícil saber en quién confiar.
La duda constituye una virtud cuando impulsa el pensamiento crítico. Gracias a ella avanzan la ciencia, la investigación y el conocimiento. Pero la sospecha permanente pertenece a otra categoría. La duda busca respuestas; la sospecha termina convencida de que toda respuesta oculta una intención inconfesable. La primera fortalece el juicio; la segunda puede terminar debilitando la convivencia. Cuando todo parece manipulado, cuando toda decisión se interpreta como una conspiración y cuando ninguna institución logra conservar un mínimo de autoridad moral, la sociedad comienza a perder uno de sus activos más importantes: la confianza recíproca.
Las democracias dependen mucho más de la confianza........
