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Soberanía tecnológica: la apuesta estratégica de México frente a la dependencia científica

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Décadas de neoliberalismo plantearon que la innovación tecnológica, la soberanía y el bienestar no se interconectan. Sus políticas científicas centraron su atención principalmente en la productividad y la competitividad, priorizando el interés privado trasnacional, por encima del público y de nuestra soberanía nacional. Sin embargo, no lograron ninguno de los objetivos que se impusieron: más innovación desde México y productividad de empresas, aunque fuesen trasnacionales asentadas en nuestro país.

La política científica neoliberal sacrificó la soberanía y la aplicación de tecnologías para el bienestar. Aumentaron las transferencias de recursos públicos a intereses privados, incluidos los de trasnacionales, so pretexto de la innovación. Y lo peor, con mayor gasto en este rubro, México disminuyó muchos eslabones en resultados de innovación, de acuerdo a la Organización Mundial de Propiedad Intelectual.

El presidente Andrés Manuel López Obrador dio directrices muy claras. Una de ellas fue la recuperación de nuestra soberanía nacional, desde todos los ámbitos, incluido el científico y tecnológico. A la vez, mandató enfocar los recursos públicos al bienestar público y de todas las personas, primero las más pobres. Para mí, como científica y primera mujer al frente de lo que fue el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación (Conahcyt), fue claro que tendría que transformar radicalmente esta institución, sus programas y proyectos.

La transformación se guió por principios humanísticos: ciencias y tecnologías para el bienestar humano y no para el negocio o el fomento de violencias, incluidas las ambientales que caracterizaron al periodo neoliberal. Se estableció una agenda de prioridades en la que la salud humana, como derecho universal, adquirió un papel preponderante. Esto fue además imprescindible ante la pandemia provocada por el virus SARS-CoV-2, que impuso retos muy grandes a la Administración Pública Federal (APF), la cual recién iniciaba un sexenio con un país heredado en ruinas.

Con una política nacional pertinente en Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación (HCTI) se diseñaron los Programas Nacionales Estratégicos (Pronaces), en torno a problemáticas urgentes, y también se recuperó el apoyo a las ciencias básicas y de frontera, indispensables para lograr soberanía tecnológica y una comprensión profunda de las temáticas a tratar.

Se avanzó en áreas primordiales como: salud, agua, ambiente, alimentación y agricultura, cultura, educación, energía y cambio climático, toxicidades y procesos contaminantes, seguridad humana y vivienda (https://eni.conahcyt.mx/). Se incidió en la comprensión y solución de problemáticas en más de 392 municipios de todos los estados de la república.

También se lograron avances en el conocimiento universal en áreas importantes. Se fomentó un enfoque serio y profundo de investigación, ético y comprometido con la justicia social y el cuidado ambiental.

Además, se coordinaron desarrollos tecnológicos e innovaciones soberanas para el bienestar. En 2024 se cerró el sexenio con 88 figuras de propiedad intelectual a nombre del Estado mexicano o en copropiedad; un avance enorme respecto al periodo 2013-2018, cuando no se registró ninguna patente a nombre del Estado mexicano. Esta situación dificultó avanzar en la soberanía tecnológica y en la solución de problemas nacionales, pues sin este tipo de patentes el país seguiría dependiendo, en gran medida, de desarrollos tecnológicos de otros países y de intereses privados.

En los tiempos actuales, la dependencia tecnológica y científica es un asunto de vital importancia. En semanas recientes hemos visto violaciones graves al derecho internacional y a la soberanía de las naciones, con fines de explotar recursos naturales, así como cierres de fronteras y restricciones al intercambio comercial. Todo ello afectará a las naciones cuyas cadenas de suministro son internacionales y encarecerá los costos de producción. Por eso, seguir robusteciendo la soberanía científica y tecnológica es fundamental.

Por ejemplo, durante nuestra gestión en el Gobierno de México enfrentamos una emergencia sanitaria causada por la pandemia de Covid-19, que demostró que la soberanía científica y tecnológica en temas de salud es impostergable.

El proyecto de la vacuna Patria, que derivó en el desarrollo para prevenir la enfermedad causada por el virus de SARS-CoV-2, la Covid-19 en México, es uno de los mayores logros, pues cumple con los más altos estándares de calidad, seguridad y eficacia, y sus ensayos clínicos se realizaron en población mexicana. Al finalizar la gestión del presidente López Obrador se había ya logrado su aprobación para producción y aplicación por parte de Cofepris. Se contaba ya con una planta de producción de primer mundo. Actualmente se espera su registro para aplicarla masivamente. Además, con esta plataforma se abren nuevos desarrollos vacunales.

Este logro demostró, además, las capacidades nacionales para establecer alianzas virtuosas con empresas patrióticas del sector privado y para articular la infraestructura de instituciones públicas a favor de prioridades nacionales, que en el pasado permanecían aisladas. Patria deja un precedente que no puede ignorarse.

También se fortalecieron capacidades en otros ámbitos, como la investigación científica, mediante el establecimiento del Laboratorio Nacional de Vacunología y Virus Tropicales (LNVyVT), que cuenta con bioseguirdad nivel 3. En sus instalaciones, ubicadas en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional (IPN), se estudian enfermedades tropicales de etiología viral y se diseñan nuevos candidatos vacunales para prevenirlas.

Como parte del programa de Laboratorios Nacionales, este centro busca brindar servicios a la academia y al sector industrial mediante el desarrollo de proyectos científicos de frontera. Su labor permitirá estudiar enfermedades que muchas veces no reciben atención a nivel internacional, pero cuya investigación resulta fundamental para evitar la dependencia científica.

Otro desarrollo tecnológico de gran relevancia fueron los ventiladores médicos invasivos, creados y fabricados 100 por ciento en México, certificados por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) y con altos estándares de seguridad y calidad biomédica.

Los ventiladores Ehécatl 4T y Gätsi se encuentran desde 2020 en más de 90 hospitales públicos del país y han ventilado a más de 33 mil 600 pacientes, acumulando más de 1 millón 500 mil horas/paciente.

En el caso del Ehécatl 4T, desarrollo disruptivo, al ser el primer ventilador del Estado mexicano y uno de los mejores en su tipo a nivel mundial —de tipo isomórfico, de control adaptativo a las condiciones reales de los pulmones ventilados y adecuado para pacientes adultos—, estableció un costo aproximadamente 70 por ciento menor que el de equipos similares en el mercado, lo que lo hace más accesible para las instituciones públicas de salud.

Desde el entonces Conahcyt se definió un proyecto para desarrollar innovaciones soberanas para el bienestar del pueblo de México, basado en un programa estratégico de prioridades. Esto implicó localizar e impulsar capacidades sobresalientes de desarrollo tecnológico en instituciones de educación superior, centros públicos de investigación y empresas de base tecnológica, que fueron articuladas en un ciclo virtuoso de generación y retorno de valor al Estado mediante acuerdos de cotitularidad.

Con este modelo se apoyaron más de 500 proyectos. A partir de esta dinámica ágil y eficiente para el desarrollo soberano del país, se creó la paraestatal Innova Bienestar, con el objetivo de consolidar estas capacidades y escalarlas a nivel industrial y comercial.

Por ejemplo, Serimédica, como unidad de negocios en tecnologías de la salud, desarrolló la capacidad de fabricar 24 mil equipos médicos creados por científicas y científicos mexicanos con la determinación de salvaguardar la salud de la población, en alianza con una empresa mexicana de base científica y tecnológica.

Con Patria y los ventiladores —estos últimos, parte de una nueva escuela mexicana de ventilación, sobre la que profundizaré en otra entrega— se estableció una plataforma sólida para la generación de dispositivos que dieron origen a una auténtica industria tecnológica orientada a salvar vidas.

Entre otros avances se encuentran el escalamiento tecnológico de biocerámicos para la regeneración ósea, así como el Laboratorio Nacional de Investigación y Tecnologías Médicas (Lanitem), donde se desarrollan el monitor de signos vitales EVEXÍA, el monitor fetal remoto TLACATI, el electrocardiógrafo inalámbrico KARDIA y un prototipo de máquina de hemodiálisis con componentes integrados, listo para validación en ambiente controlado.

Asimismo, se presentaron desarrollos como el monitor de temperatura corporal inalámbrico YOLIKAN, una tira de glucosa no enzimática para el control de la diabetes, el biosensor KANAN.COVID-19 para detectar anticuerpos contra la proteína de espiga, además de sensores biomédicos, transductores y el proyecto de ciencia de frontera KANAN. PESTI, orientado a la detección de pesticidas. También se desarrollaron máquinas de anestesia, torres de alto flujo de oxígeno, entre otros.

Cada uno de estos ejemplos no representan desarrollos aislados, sino la base de un horizonte de innovación soberana para el bienestar. No se trata sólo de Patria, sino de un país que recupera su capacidad vacunal; no es sólo un ventilador, sino una escuela de ventilación mexicana; no son únicamente dispositivos médicos, sino el surgimiento de una auténtica industria tecnológica para salvar vidas, que demuestra que México puede convertirse en una gran potencia científica y tecnológica.

Con la Ley General en materia de HCTI vigente, esperamos que muy pronto estos proyectos continúen para seguir haciendo efectivo el derecho humano a la ciencia para toda la población.

Dra. María Elena Álvarez-Buylla Roces. Científica, investigadora titular de tiempo completo del Instituto de Ecología de la UNAM. Premio Nacional de Ciencias 2017. Exdirectora general del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt)


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