¡Cuauhtémoc! ¡Cuauhtémoc! ¡Cuauhtémoc!
Manejaba la camioneta por los ingenios de Jalisco y, mientras lo miraba de reojo, la emoción me ganó y solté unas lágrimas, Cuauhtémoc Cardenas se había quedado dormido, iba a junto a mi.
Era 1994. Yo era coordinador general de la campaña del PRD en Jalisco, con Mario Saucedo Pérez como candidato a gobernador. Recorríamos pueblo por pueblo, como le gustaba al ingeniero: encontrarse con la gente, escucharla, estar ahí.
Entonces creía profundamente en el cambio democrático que él impulsaba. Tenerlo a mi lado, dormido mientras yo conducía, me hizo sentir una responsabilidad que todavía hoy me cuesta explicar. Admiraba a aquel hombre y me emocionaba formar parte de la lucha que representaba.
En ese mismo recorrido nos detuvo un retén militar. Al frenar la camioneta, el ingeniero despertó, volteó y se encontró con un soldado. Nunca olvidaré la sorpresa en el rostro de ambos: la de Cárdenas al........
