Si nacieron para ser pragmáticos, entonces han renunciado a moralizar la vida pública
Los partidos políticos nacieron para ganar elecciones. No son agencias de filosofía política ni centrales de pensamiento y pureza ética. De hecho, se acercan más a ser espacios irremediablemente pragmáticos, que se adaptan a los perfiles y las dinámicas del momento y el lugar por más contrarias a sus principios que pudieran ser.
Este fin de semana, Morena reunió a los 17 encargados de coordinar los trabajos estatales, y el discurso de Durazo fue uno de los más relevantes, al advertir que no todos los coordinadores llegarían ni que son funcionales a ese partido pero que aún así, la unidad era básica para no darle juego a la oposición. Es posible destacar tres hechos de los futuros abanderados. El primero es que, a pesar de los quince años de Morena, la capacidad para construir talentos propios y competitivos parece insuficiente. Más aún, el partido parece castigar a sus fundadores mientras premia a perfiles emanados del PRI y del PAN.
Lo segundo es que esta decisión cobra una factura política considerable. Lejos de las ociosas narrativas sobre una clase política en la que todos son iguales, lo que ocurre es que los estados vuelven a encontrarse con los mismos rostros, aunque ahora porten otros colores. La distinción entre izquierda y derecha se diluye en una postura homologada, en la que las identidades ideológicas ceden ante la conveniencia electoral. El cambio de partido sustituye al cambio de proyecto, y la transformación corre el riesgo de convertirse en una operación de imagen en la que todo se ve reciclado.
Lo último es que los tiempos electorales parecen haber pasado a un segundo plano. El Partido Acción Nacional ha tomado protesta a sus llamados «Coordinadores en la Defensa de la Familia», mientras que Morena organiza sus propias estructuras territoriales con miras a las candidaturas. En los hechos, la vida política mexicana comienza a extender sus campañas mucho antes de los plazos........
