Noventa minutos de futbol, cuatro años de diplomacia y una presidenta querida
El futbol nunca fue solo futbol. Fue siempre una excusa. La coartada perfecta para que ocurra lo que de otro modo no tendría por qué ocurrir y para que surja todo lo que no tiene lenguaje para ser nombrado. Que dos presidentes en tensiones geopolíticas compartan un palco. Que una presidenta que renunció a los trece partidos de su país cruce la frontera por la clausura que se juega en el vecino. Que en un estadio de Nueva Jersey, en el país que quiere que hablemos inglés, la final se dispute en español.
Claudia Sheinbaum ha sorprendido a todos. Rechazó la fiesta en casa —los precios de la FIFA, dijo, no eran para la gente— y sin embargo aceptó la invitación de Donald Trump a vivir la........
