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El problema de Marina del Pilar

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16.07.2026

La prisa es mala consejera. No pasaron veinticuatro horas desde que la gobernadora de Baja California compareció para acusar a Jaime Bonilla de haberle tendido una trampa, cuando dos nuevos audios la devolvieron al lugar exacto del que intentaba salir, igual de desesperada por recuperar su visa y evitar una detención que al inicio, pero ahora, teniendo que lidiar con la traición política y la exhibición de carácter que ha dado. Marina necesita recordar las lecciones de la mar y la Baja California, con mar de sobra, le está dando la peor de sus lecciones. El agua nunca miente.

Cuando el fondo se revuelve, las piedras no dejan de estar pero sí desaparece la posibilidad de distinguirlas. Ella habló dando una teoría de fuego amigo que en nada le quita gravedad a lo que ya ha dicho, a su fragilidad para sostener su propia inocencia mediante actos, a la limitada perspicacia ante supuestos mensajeros. La metáfora de nadar en aguas agitadas cuando la arena, suspendida por la violencia de las olas, convierte la profundidad en una sospecha le aplica perfecto porque acelerarse en las declaraciones hoy le cuesta a todo el movimiento del que emana la presidenta. Entonces cualquier sombra parece un precipicio y cualquier reflejo, una certeza. Marina del Pilar pensaba que culpar a Bonilla es suficiente, pero los audios revelados hoy la dejan aún peor.

Hay personas que, ante ese paisaje, se lanzan a nadar con más fuerza. Otras entienden que el movimiento sólo prolonga la turbidez y permanecen quietas. No por resignación, sino porque conocen una ley antigua: el agua termina haciendo con el desorden lo que el tiempo siempre hace, decantarlo.

También la vida pública tiene mareas así. Marina del Pilar debió guardar silencio. Máxime cuando la presidenta ya había ofrecido respaldarla y Omar García Harfuch había........

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