El orgullo de todas las victorias
La Selección Mexicana lo ha logrado. Nos llenó de orgullo y alegría, permitió unir a todos los pueblos de todas las regiones del país. Sostuvimos una misma pasión y la afición fue la mejor anfitriona. Más allá de los recursos, la calidez de los mexicanos demostró que las mejores experiencias no miden su precio en dinero sino en la energía que son capaces de transmitir.
El último y mítico quinto partido frente a Inglaterra brindó una victoria distinta a la que todos soñamos pero la manera en que se vivió fue digna de un Mundial, digna de mexicanos que dejan todo en la cancha y digna de quienes sueñan en grande. Inglaterra no la tuvo fácil, la sufrió y estoy segura de que el respeto a la selección de México hizo patente la maestría que nuestro país tiene en ese deporte traído por los mismos ingleses.
En 1824, el territorio hidalguense se convierte en escenario de una transferencia tecnológica que define, silenciosamente, las estructuras extractivas de la nación emergente. Mineros originarios de Cornualles arriban a Real del Monte, Mineral del Chico y Pachuca, contratados no solo por sus manos especializadas sino por el conocimiento técnico que portan. Estos trabajadores transportan los códigos de una modernidad minera a México y su capacidad extractiva con la experiencia acumulada de una región donde la extracción de minerales ya había atravesado siglos de desarrollo industrial. Una placa dice que en 1900, “EN LOS PATIOS DE LA MINA DE DOLORES SE LLEVO A CABO EL PRIMER PARTIDO”. Sucedió en Real del Monte aunque posiblemente, antes ya se hubiera jugado al balón pie. Sabemos que lo nuestro era la pelota-cadera, esa habilidad previa ya habría dado una ventaja histórica a nuestros jugadores.
No sabemos si los intercambios mineros fueron justos, las reformas laborales llegaron mucho tiempo después. Lo que generalmente se narra como mera “transferencia de costumbres”........
