Mal cálculo
Invariablemente la política transita por la incertidumbre; es propio de la realidad y más en una democracia, en la que el poder dividido, la economía y la volatilidad de las intenciones de voto hacen que las autoridades actúen distantes de las certezas. Los proyectos autoritarios pretenden acabar con la incertidumbre. Repudian la legalidad porque limita su poder, erigen reglas y colonizan instituciones para evitar la rendición de cuentas y, en su momento, la competencia justa por el voto. El obradorismo cumple a plenitud con tal diseño y la preocupación de hoy es doble: si el autoritarismo vigente en su deterioro habrá de transitar hacia formas más explícitas y rudas de control político o si el régimen colapsará por el peso de la impunidad prevaleciente.
López Obrador y la presidenta Sheinbaum son lo mismo. Quizá en EU, y uno que otro iluso observador de la política, considere que hay separación o, eventualmente, fractura. En este espacio siempre se ha dicho: por convicción, la presidenta se plegará al proyecto obradorista. Asume su condición sin reserva ni vacilación; fue así desde el inicio y ahora, ante la peor amenaza al régimen, lo........
