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Los poderes, en plural, y los derechos de las audiencias

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04.08.2026

Una seria limitación de gran parte de la opinión pública en México es seguir usando la categoría poder como una categoría monolítica. Se habla del poder en singular para encasillar ahí al Estado, al gobierno, al partido en el poder, a lo que se dice también, de manera genérica, el oficialismo. Entonces resulta siempre muy fácil en el análisis, casi como los libertarios, hablar del Estado como el “enemigo” de quien debemos cuidarnos de su potencial abuso. El problema de esta fórmula es que deja de lado que la categoría de poder es mucho más ambigua y amplia que esos cómodos reduccionismos. El mismo Max Weber, que lo definió como la probabilidad de imponer la voluntad aun contra toda resistencia, prácticamente no volvió a usar ese término, sino que prefirió hablar de dominación debido a su carácter amorfo.

Y es que el poder es una categoría mucho más amplia. Se puede imponer la voluntad en múltiples ámbitos de la vida humana más allá del Estado. No es gratuita toda la arqueología que hace Michel Foucault, quien en Microfísica del poder hace evidente que en todos lados hay relaciones de poder: de padre a hijo, en las relaciones de pareja, en las escuelas, en las iglesias. Así no podemos hablar del poder en singular, sino de los diferentes poderes que compiten justamente por la hegemonía de su agenda.

No solo el Estado (mexicano) tiene poder; pensemos sencillamente: 1) en las grandes potencias estatales como Estados Unidos y China, que monopolizan el uso legítimo de la fuerza militar, la política exterior y buena parte del sistema financiero........

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