¿Bienvenidos al futuro?
Al tomar posesión del cargo en agosto de 1990, el presidente César Gaviria saludó a los colombianos con esta expresión: “Bienvenidos al futuro”. Así celebraba el rito que es usual en las democracias: renovar las esperanzas de la gente, que siempre aspira a mejorar. Pero, al mismo tiempo, procuraba establecer un punto de inflexión frente a las difíciles circunstancias del momento. Vivíamos el asedio terrorista de Pablo Escobar y de las guerrillas tradicionales, ya en proceso de combinar “todas las formas de lucha”. Vale decir, de tomarse el poder político y prosperar en negocios ilegales.
Los resultados fueron, en lo esencial, virtuosos: el país se modernizó, la economía y el empleo crecieron, se redujo la pobreza, el manejo de las finanzas públicas fue prudente, se logró desmantelar a los dos grandes carteles de la droga. Y lo que es más trascendente: se puso en marcha la Asamblea Constituyente que nos dotó de una nueva carta política nacida de un amplio consenso. ¿Cabría hoy una expresión semejante a la de Gaviria? ¿Nos espera un futuro mejor? Nadie lo sabe.
Reconozcamos primero los aspectos positivos del proceso recién finalizado, los cuales, por ser recurrentes, tendemos a no valorar. La Registraduría Nacional cumplió con excelencia su papel. La Fuerza Pública garantizó la paz en los comicios. Los ciudadanos acudieron masivamente a las urnas, prueba irrefutable de que valoran el derecho a elegir a sus gobernantes. El candidato perdedor reconoció la veracidad del preconteo y anunció que acogerá los resultados del escrutinio, que se esperan para esta misma semana. Los expertos en semiótica discuten a quién se quiso parecer Petro con su disfraz del domingo (¿al papa, a un oficiante de vudú, a un cantante de rock?), aunque coinciden en que quiso transmitirnos un mensaje de paz. Ojalá.
Bajo el supuesto de que los comicios fueron correctos, cabe discutir si el........
