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El trumpismo como signo de la crisis ideológica en curso

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30.07.2026

La activación del descarado genocidio sobre la población de Gaza y la consecuente extensión de la guerra a toda la región de Medio Oriente dan cuenta sobre cómo se está desmoronando el discurso ideológico tendiente a justificar el capitalismo, y en particular la hegemonía de los EEUU. Su profundidad se podría resumir en la paradoja de que se quiere salvar a Occidente aun a costa de hundir a Occidente. Estoporque las políticas, acciones e intervenciones del gobierno Trump no sólo achican lo que se entendía por civilización occidental, sino que además se aleja cada vez más de lo que se supone son sus valores fundamentales.

Ese proceso de desmoronamiento del ideario occidental da lugar a incoherencias crecientes y genera importantes fisuras, sin todavía agrietar del todo el ordenamiento político. Un ejemplo relevante es que Trump haya transmigrado de rey del planeta a encarnación de Jesús en la tierra. Una transformación que incluso ha descolocado a parte de los sectores ultraconservadores del mundo, y da pie para que oponentes y aliados duden de su salud mental.

Tal desmoronamiento ideológico hace parte de la crisis del capitalismo mundial, de aquí que sea necesario contextualizarlo, comprender su contenido, y desde allí identificar sus potenciales consecuencias para las luchas sociales en el mundo.

 Ubicación y significado de la crisis ideológica

Los procesos de transición histórica, o cuando menos las grandes crisis recientes, han estado asociadas a periodos de profundas fracturas ideológicas. Gramsci por ejemplo identifica la crisis del liberalismo a fines del siglo XIX, la que desemboca en el fascismo, como intento de rearticulación del orden capitalista. Tal situación, como sabemos, pasó por dos guerras mundiales, el gran triunfo del proletariado en Rusia (1917), la derrota del proletariado en el llamado “Occidente”, y la emergencia de la hegemonía de los EEUU como centro del capitalismo mundial, en reemplazo de la inglesa. Así que, al revisar las tendencias fundamentales del actual periodo, es factible identificar un periodo con algunas características similares; consideremos algunas:

El capitalismo mundial enfrenta serias dificultades desde inicios de los años setenta. Tal condición es fácil de ver cuando se consideran sus tasas de crecimiento en el PIB, la inversión, la productividad, y por sobre todo la tasa de ganancia, al presentar tendencias a descender en el largo plazo . Las políticas ortodoxas en favor de los beneficios y contra las condiciones de ingresos del proletariado, durante el periodo neoliberal, sólo pudieron oxigenar la rentabilidad de manera temporal, especialmente en la pasada década de los noventa, pero no produjeron la solución esperada para el capital. 

Además, las recientes revoluciones tecnológicas no han contado con la fuerza suficiente para relanzar al capitalismo a periodos de alto crecimiento, como fue característico en la“edad de oro” entre 1945 y 1974. Se agrega que sobre la revolución en curso se mantiene la duda sobre el efecto social que podría tener la combinación de robótica e IA, en especial por su fuerte impacto para desplazar trabajo vivo. En cambio, las políticas de libre cambio y las transformaciones tecnológicas de las tres últimas décadas sí que han intensificado de la competencia mundial, siendo su resultado más evidente que el capital chino haya sostenido el crecimiento mundial en las dos últimas décadas, pero a su vez sea ahora un serio competidor de los EEUU. Tal cambio se ha traducido en una dura pugna geopolítica, en medio de la cual la burguesía de los EEUU está desesperada, y en consecuencia hace gala de las prácticas imperialistas, que descansan cada vez más en la opresión, el saqueo, la violencia y la guerra, actos que resultan cada vez más difíciles de encubrir o legitimar con su manido discurso ideológico.

En este contexto la crisis ideológica cobra su lugar, su forma específica y su propia relevancia, por cuanto significa que las contradicciones sociales han creado fuerzas reales que trastocan el todo social y a su vez abren oportunidades en la disputa por el ejercicio de dirección política y moral de la sociedad.

En términos generales la ideología es la forma concreta como se presenta la hegemonía en un periodo determinado. Ella es la síntesis del ideario que propaga e impulsa la clase que ejerce el papel de dirección sobre el conjunto de la sociedad, que necesariamente debe expresar un “proyecto” que se auto-presenta como universal o progresista, es decir beneficioso para todas las clases y sectores. Esto implica contar con la capacidad para sobreponerse a las necesidades e intereses de las capas sociales que le compiten por ese poder, haciéndolas lucir como meras ilusiones o intereses egoístas (ideologías parciales), pero logrando a su vez reconocerlas e incluirlas, para lo cual crea mecanismos institucionales de regulación y “convivencia”, que le permiten ejercer la dirección de toda la sociedad por medios diferentes y complementarios a los de la violencia directa. En tal sentido, la violencia directa siempre está presente como parte del ejercicio de la hegemonía, reservándose su uso de fondo para cuando los recursos ideológicos y políticos ya no son lo suficientemente efectivos en el propósito de sostener el ejercicio de dirección sobre toda la sociedad[1].

Desde lo anterior es fácil identificar que una crisis social se está transformando en una crisis de hegemonía cuando el uso de la violencia directa es creciente, o pesa más que el resto de los mecanismos políticos. Y también que la crisis ideológica puede derivar en una crisis de dirección social, es decir hegemonía, siendo un indicador clave de tal situación el desarrollo de una brecha entre el discurso ideológico y los actos concretos de la clase que ejerce el poder. Tal distanciamiento o brecha abre espacio a la crítica, facilita que se evidencie la “falsedad” que contiene el ideario dominante, (en la medida que se muestra que sólo justifica el beneficio de unos pocos a costa de golpear a la mayoría) y ayuda a crear una fuerza que, de ser bien diligenciada, podría ser decisoria en medio de las salidas a la crisis. Tales condiciones se tornan necesarias para que el descontento que cunde entre las masas se convierta en fuerza........

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