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‘Pacho’ Piedrahita y el Icesi

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Nada más triste que escribir sobre alguien cercano que hemos perdido, y de forma repentina, como si esa estrella que nos guiaba se apagara de un momento a otro. Alguien a quien admirábamos por ese espíritu de tan profunda humanidad, que nos iluminó en tantos momentos.

‘Pacho’ se nos fue casi sin darse cuenta, regresando de una de sus increíbles cacerías fotográficas de patos —esta vez en la isla de Hokkaido, Japón.

Ingeniero uniandino con maestría en investigación de operaciones por la Universidad de Pittsburgh, entró joven a Carvajal, donde comprendió desde temprano el poder de la digitalización en su industria y la impulsó hasta el límite.

Por las vueltas tan duras que da la vida, ésta le dio un giro total: en 1996 aceptó la rectoría del Icesi, entonces una pequeña universidad privada de negocios en el sur de Cali.

La transformación que emprendió fue completa. El Icesi se convirtió en una universidad de alta calidad, de las más destacadas de Colombia; con investigadores de primer nivel, un amplio número de relaciones internacionales y una marcada vocación inclusiva.

Con excelencia académica y profundo sentido social, siempre buscó que la educación de calidad no distinguiera por origen socioeconómico. El impulso a la innovación y al emprendimiento fue ejemplar: creó incubadoras y aceleradoras, programas de emprendimiento y fortaleció el vínculo con el sector empresarial.

Fomentó proyectos aplicados y su transferencia tecnológica. Su gestión tuvo impacto en la vinculación con el entorno social, impulsando programas de extensión, servicio comunitario y proyectos regionales. Incorporó herramientas digitales y modalidades híbridas y virtuales —proceso acelerado por la pandemia de covid-19— y promovió la capacitación docente en metodologías activas y evaluación por competencias.

La nómina académica llegó a superar los 500 profesores y la matrícula a más de 7.000 estudiantes, frente a los 1.500 alumnos con los que se encontró. Su enfoque priorizó a los estratos 1, 2 y 3 de Cali y del Pacífico; el apoyo de la empresa Tecnoquímicas fue clave y el número de egresados ya alcanza los 33.000.

El Icesi, en gran medida, es obra del alma de Francisco Piedrahita: una institución de bajo costo para recibir a jóvenes de hogares con escasos recursos y contribuir a reducir el coeficiente de Gini en la medida de lo posible. “Cuando me mostró el PEI del Icesi vi a Pacho reflejado en él: en apenas siete enunciados, con una sola frase describiéndolos —todos poderosos, transformadores e innovadores— estaba toda la sabiduría y la visión de lo que debe ser una gran universidad en nuestro tiempo”, comenta Pablo Navas, exrector de la Uniandes.

El PEI creado e implementado por Francisco en el Icesi transformó la experiencia educativa al promover un aprendizaje autónomo, activo y centrado en el desarrollo integral del estudiante y sus capacidades.

El modelo de enseñanza viró de uno centrado en el profesor a uno donde el estudiante es protagonista y centro del aprendizaje. Yuri Buenaventura me escribe, triste pero emocionado, como siempre ocurre cuando habla de lo que lo apasiona: “No hay posibilidad de que la música del suroccidente colombiano tuviera un espacio de producción y creación tan poderoso y de impacto hemisférico sin la visión y el legado de Francisco Piedrahita”.

Como se dice en el homenaje, Francisco Piedrahita sería un sembrador de vida para muchas generaciones. 

Carlos Enrique Cavelier

carloscavelier@gmail.com


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