Isaac M. Hernández: «Andalucía: La nostalgia ya no gana elecciones»
Las campañas políticas ya no se ganan únicamente con gestión, estructura territorial o inversión publicitaria. Se ganan cuando existe una conexión real entre el mensaje político y las expectativas emocionales de una sociedad marcada por la inmediatez, la percepción y el impacto constante.
Es precisamente ahí, en ese mar de estímulos inmediatos, donde aparece el verdadero problema de fondo, los liderazgos y partidos políticos andaluces seguían empeñados en hablar solo al electorado de antaño y no para el que tenían delante. De esta manera, con una comunicación política tan previsible, lo que se consiguió es transmitir la sensación de organizaciones intentando reconstruir emociones y relatos del pasado en una sociedad que ya ha cambiado profundamente.
Ya lo decía Sabina, no deberías volver al lugar donde una vez fuiste feliz porque puede traer consecuencias, ya aquel barrio, aquel partido, aquellos votantes no son los mismos. Hoy la mayoría de la ciudadanía andaluza no vive la política únicamente desde lo ideológico, sino desde lo práctico y lo cotidiano como la vivienda, el empleo, el crecimiento personal, la estabilidad económica o las oportunidades de futuro. El problema de muchas campañas no está tanto en sus mensajes concretos, sino en su incapacidad para proyectar ilusión o una expectativa colectiva.
¿Por qué ocurre esto? Por las ausencias evidentes de esta reciente campaña andaluza, las propuestas concretas. Mucho relato, mucha identidad y demasiada memoria política, pero poca explicación detallada sobre cómo pensaba la clase política afrontar los problemas reales de esta generación. ¿Dónde estaban las medidas concretas sobre acceso a la vivienda, emancipación juvenil, incentivos fiscales para pequeños emprendedores, retención del talento o soluciones frente a la precariedad laboral? La ciudadanía escucha continuamente palabras como “cambio”, “gestión” o “servicios públicos”, pero cada vez le cuesta más identificar proyectos concretos capaces de mejorar su vida cotidiana.
Si una campaña electoral no consigue transformar sus mensajes en expectativas tangibles y reales de futuro, la comunicación política se convierte únicamente en ruido emocional. Otro punto delicado es la construcción, mejor dicho, reconstrucción del liderazgo. Intentar proyectar una candidata o candidato asociado al “cambio” cuando ya formó parte del pasado político andaluz genera una contradicción narrativa difícil de sostener. Y cuando el electorado recuerda etapas anteriores, estructuras conocidas o dinámicas ya vividas, el mensaje pierde coherencia y credibilidad. La ciudadanía actual detecta rápidamente cuándo una campaña intenta vender novedad sobre estructuras que reconoce como antiguas. Con otro tipo de mensaje y no sobre cambio o cambiar, lo podría comprar, pero en ningún caso con mensajes en la línea de la alternativa política. Esa es la respuesta a otro de los mayores problemas: querer parecer nuevas opciones sin asumir realmente una renovación profunda.
Precisamente ahí puede aparecer ahora una oportunidad inesperada para el PSOE andaluz. Después de este resultado, ha llegado el momento de iniciar una reconstrucción política real desde el territorio y no desde los marcos nacionales. María Márquez representa una generación política con menos desgaste, menos........
