Podemos ya no puedes
El socialista Sánchez fichó al marido piloto del bailarín Iceta como consejero en una firma pública
Hubo un tiempo en el que Podemos gritaba que venía a “asaltar los cielos”. Hoy, apenas logra mantener abierto el chiringuito político mientras ve cómo sus diputados desaparecen elección tras elección. Lo que empezó como una supuesta revolución democrática ha terminado convertido en un caso de estudio sobre cómo dilapidar millones de votos, dividir a tus aliados y acabar discutiendo en tertulias televisivas para justificar lo injustificable.
Los titulares hablan por sí solos: pérdida constante de escaños, irrelevancia parlamentaria creciente y una fuga de votantes que ya no encuentra freno. Donde antes había mítines multitudinarios, ahora hay nostalgia. Donde prometían liderar el país, hoy luchan por no quedar fuera de la conversación política. El partido que aseguraba representar “a la gente” parece haber descubierto que la gente, sencillamente, se ha ido.
Y no es casualidad. Durante años, Podemos basó su éxito en el enfado social, pero gobernar exige responsabilidad, números que cuadren y algo más que discursos grandilocuentes. Cuando tocó gestionar, las promesas chocaron contra la realidad económica. El resultado fue previsible: inflación disparada, políticas fallidas y una sensación creciente entre sus antiguos votantes de haber comprado humo envuelto en retórica universitaria.
Mientras tanto, sus portavoces recorren platós de televisión protagonizando escenas que rozan el esperpento político. Intentan defender decisiones contradictorias, negar evidencias económicas o culpar a cualquiera —Europa, los mercados, los medios, la oposición o incluso sus antiguos socios— antes que asumir errores propios. Cada intervención televisiva parece confirmar lo que muchos españoles ya sospechan: el proyecto se quedó sin ideas mucho antes que sin escaños.
La decadencia también es interna. Escisiones, enfrentamientos personales y........
