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Un mundo con reglas, pero no para todos

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24.09.2026

Hay algo especialmente revelador en escuchar a Donald Trump hablar desde la tribuna de Naciones Unidas. La Asamblea General es, al menos formalmente, el espacio más igualitario de la política internacional. Allí se sientan 193 Estados y cada uno dispone de un voto. Estados Unidos y Tuvalu, China y Costa Rica, Rusia y Estonia. La arquitectura construida después de 1945 partía de una ficción necesaria que consistía en que la enorme desigualdad de poder existente entre los Estados podía quedar contenida dentro de un sistema de reglas comunes. Ochenta años después, esa ficción atraviesa probablemente su momento más delicado.

El lema de este periodo de sesiones es “restaurar la confianza”, difícilmente podría haberse elegido uno más oportuno y, posiblemente, mas inalcanzable en el momento presente. Las guerras de Ucrania y Oriente Próximo, el conflicto con Irán, la competición entre Estados Unidos y China, el regreso de la coerción económica, los aranceles, la carrera tecnológica o la creciente irrelevancia del Consejo de Seguridad dibujan un escenario en el que las instituciones creadas para administrar la interdependencia parecen cada vez menos capaces de hacerlo.

Las intervenciones de Trump, Zelenski y Sánchez permiten observar desde ángulos diferentes ese cambio de época. Pero quizá la más significativa sea la del presidente estadounidense porque ayuda a despejar un equívoco habitual. En realidad, Estados Unidos no se está retirando del mundo, sino que lo que realmente quiere es seguir ocupando una posición central en él, mantener su liderazgo global. Así, lo que está cambiando es la forma en la que quiere relacionarse con los demás. Porque Trump lo que propone no es aislamiento sino jerarquía.

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