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La residencia

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13.08.2026

Cleómenes Asterio tuvo la suerte y la desgracia, dos en una, de tener un abuelo llamado Cleómenes y de nacer justamente en el día de mañana, 15 de agosto, virgen de la Asunción, para librarse, saltándose el santoral gracias al abuelo, del nombre de Asunción. Evitando que a lo largo de toda una vida, especialmente de niño, le martirizaran diciéndole que tenía nombre de mujer. Sin embargo, con su extraño Cleómenes, vivió despreocupado y tranquilo en ese sentido.

Cumple 87 años en sus cabales, con plenas facultades mentales, como suele decirse, algo de reuma y artrosis, un temblequeo de manos, ataques punzantes y esporádicos de melancolía y una sensación de inutilidad crónica. -¡Soy un estorbo y una pesada carga!-, se le oye refunfuñar, hablando solo, si pegas al anochecer el oído a su puerta. Quizás por eso, lo que verdaderamente desearía como el mejor regalo de cumpleaños, llegadas estas fechas veraniegas vacacionales, es largarse de una puñetera vez a la residencia. Lo mismo allí tienen aire acondicionado. Piscina y baile los sábados.

Pero en esta gran ciudad es un imposible. No hay plazas. Ni públicas ni tampoco privadas. Como si se hubieran olvidado para siempre de ellos. De los viejos. "Ya somos el olvido que seremos / el polvo elemental que nos ignora", que escribió Jorge Luis Borges. De las públicas no hablamos, porque las plazas son tan reducidas y tantas las exigencias, que conseguir una es más difícil que acertar con El Gordo de la lotería. Una ciudad desabrida, inhumana y hostil con los más débiles. Las privadas están siempre completas y tienes que apuntarte a una lista, esperando -suplicando, pobrecillo- que alguien se muera... antes que tú. Su única hija, de nombre Dolores, Dolorcitas para la familia, con la que vive, ha recorrido durante años todas y cada una, de punta a punta, repetida e infructuosamente, porque la más barata cuesta 2.400 euros al mes. Con esas cifras, ya me explicarás quien pone los 1.400 que faltan restando su pensión. Ella, con su trabajo limpiando casas y fregando escaleras a destajo, sin contrato, desde luego que no.

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