Ropas de ocasión
De todas las satisfacciones que nos brinda la memoria, ninguna se parece al placer de navegar por las aguas de la historia con la ayuda de lienzos, óleos y fotografías. Imaginemos por un instante el Madrid de Carlos III, con sus suelos embarrados y su pestilencia de aguas fecales. Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache, era entonces un ministro de pretensiones ilustradas que contaba con la simpatía del rey y la ojeriza de la nobleza española. La casta local lo veía como un extranjero con ínfulas, un flipado siciliano dispuesto a cargarse las tradiciones más inveteradas con su excéntrica manía de pavimentar las calles y ordenar el saneamiento.
Pero el buen Leopoldo pasaría a la historia por querer regular la indumentaria. El bando del 10 de marzo de 1766 lo dice clarinete: nada de vestir capa larga ni sombrero chambergo, pues debemos erradicar esa manía plebeya de pasearse con el rostro embozado. En fin, que se impone la obligación de la capa corta y el sombrero de tres picos, so pena de hasta cuatro años de destierro. Al pueblo raso, más preocupado por el precio del pan, no debió de gustarle que un ministrillo del tres al cuarto se diera el lujo de prohibir vestimentas patrias e imponer modas foráneas. En El motín de Esquilache, pintura atribuida a Goya, una turba encapuchada desafía la........
